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lunes, febrero 9, 2026
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El engaño del tarifazo

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Cada inicio de año, el debate público en Nayarit se reduce a una cifra: el incremento a la tarifa del transporte público. Es una inercia mecánica que se repite entre enero y febrero, donde los concesionarios exigen ajustes bajo la promesa eterna de mejorar un servicio que, en la práctica, sigue estancado en la precariedad. Mientras la discusión se centra exclusivamente en el costo del boleto, se ignora deliberadamente el análisis de las capacitaciones y los resultados reales que las unidades deben entregar a la sociedad. El usuario paga más por un servicio que mantiene las mismas deficiencias estructurales de hace décadas, convirtiendo el aumento en un impuesto al descuido.

La estadística de accidentes en la capital del estado es el reflejo más fiel de esta crisis operativa. Una parte considerable de los siniestros viales registrados en Tepic involucra directamente a unidades del transporte público, lo que evidencia una nula formación profesional de quienes están al frente del volante. Hasta el día de hoy, la profesionalización del sector es un mito conveniente para las mesas de negociación. Ni siquiera existe un uniforme que brinde identidad, respeto y orden al servicio; mucho menos se percibe una coordinación efectiva entre las diferentes líneas que operan en la ciudad. El desorden es la norma aceptada y la seguridad del pasajero parece ser la última prioridad en la hoja de ruta de los transportistas.

Un fenómeno crítico que observo a diario en las calles, y que es el corazón del peligro, es la práctica de “quemar” el tiempo. Este término, propio del lenguaje de los choferes pero padecido por todos, describe una competencia desleal y peligrosa donde una unidad acelera de forma irresponsable para ganar los usuarios o cumplir con la cuota de la siguiente unidad. Especialmente en rutas de alta demanda como la línea Aguacate, el pavimento se convierte en una pista de carreras donde el camión es un arma. En esa carrera absurda por el pasaje y por recortar minutos al reloj, ocurren los incidentes que terminan en choques, atropellamientos y ciudadanos lesionados. La ambición por cumplir una meta económica inmediata está pasando por encima del valor de la vida humana y de la integridad de los transeúntes que caminan nuestras banquetas.

Resulta contradictorio que los líderes transportistas hablen de inversiones en tecnología y de la modernización de los aparatos cuando el comportamiento en la movilidad sigue siendo errático y primitivo. La atención al usuario es deficiente y la respuesta a las demandas de calidad de la sociedad es inexistente. No basta con renovar la flota si el factor humano sigue operando bajo esquemas de presión, estrés y falta absoluta de pericia técnica. Un camión nuevo con un chofer sin capacitación es, en esencia, un riesgo latente en cada esquina de nuestra ciudad. El progreso tecnológico del transporte es invisible si no se traduce en un manejo responsable y en un respeto irrestricto a las normas de vialidad.

Como reportero que vive y observa el caos cotidiano de nuestras avenidas, confirmo que el aumento a la tarifa carece de justificación mientras no existan garantías de seguridad verificables. La sociedad nayarita merece un transporte digno, con conductores que se identifiquen, que estén uniformados y que pasen por filtros de capacitación reales, no solo trámites de escritorio. Necesitamos una coordinación que elimine de tajo las competencias mortales entre rutas y que priorice el bienestar del ciudadano por encima de la “pelea por el peso”. La autoridad debe dejar de ser una espectadora de las negociaciones de precios para convertirse en el árbitro que exija el cumplimiento de la ley.

La crisis del transporte en Tepic tiene solución, pero ésta empieza por reconocer que el problema no es el precio del combustible, sino la falta de orden. El sistema actual fomenta que el chofer sea un competidor solitario y no un prestador de servicios públicos. Mientras no se modifique el esquema de incentivos y se castigue con rigor la negligencia de “quemar el tiempo”, seguiremos lamentando tragedias en la avenida México o en la Insurgentes. La modernización debe empezar por el cerebro de quienes dirigen el sistema y por las manos de quienes operan el volante.

Mi compromiso, con los ojos de quien recorre la calle todos los días, es seguir señalando estas anomalías que otros prefieren ignorar o maquillar. La movilidad es un derecho humano vinculado a la calidad de vida, no un negocio que deba solaparse a costa de la tranquilidad y la seguridad de las familias que día con día dependen de estas unidades para llegar a sus destinos. La exigencia es que antes de hablar de un nuevo tarifazo, entreguen el servicio profesional que Nayarit ha estado esperando y pagando por años.

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