
Nayarit atraviesa una efervescencia por el autocuidado que se manifiesta con fuerza en cada esquina de la capital. En los últimos meses, el crecimiento en la apertura de gimnasios en Tepic ha sido exponencial, reflejando una competencia feroz donde las cadenas nacionales y los emprendimientos locales se disputan un mercado ávido de salud. Esta “nueva ola” del fitness en el estado representa un cambio de mentalidad en las nuevas generaciones que ven en las pesas y el ejercicio una inversión a largo plazo. Hoy, el ciudadano entiende que el entrenamiento de fuerza es la clave para garantizar una vejez funcional y mantener músculos sanos después de los cuarenta años. Sin embargo, este despertar social camina a la par de una oferta de eventos masivos que, con frecuencia, carece del rigor técnico que el deportista merece.
La proliferación de gimnasios es un indicador positivo para la economía local y un respiro para la salud pública. Bajo la óptica del mercado actual, la oferta y la demanda han creado un ecosistema donde el nayarita tiene opciones diversas para mejorar su calidad de vida de manera integral. No obstante, al analizar el circuito de las carreras atléticas que se organizan en Tepic, la realidad se torna ambivalente. En pláticas directas con corredores experimentados, surge una crítica recurrente: la saturación de eventos no es sinónimo de excelencia. Se están lanzando tantas convocatorias que la calidad logística y la seguridad del atleta han pasado a un segundo plano, desvirtuando el propósito de estas competencias y convirtiéndolas en actos de mercadotecnia sin fondo deportivo.
El debate entre los deportistas locales es intenso. Muchos se preguntan hoy si vale la pena correr en Tepic o si es preferible buscar circuitos con mejor organización en ciudades vecinas como Guadalajara o Puerto Vallarta. Esta duda nace de la improvisación sistemática en las rutas locales, la falta de una coordinación efectiva con las autoridades viales y una logística deficiente que falta al respeto al esfuerzo de quien se prepara durante meses. Organizar una carrera exige mucho más que trazar una línea en un mapa; requiere una infraestructura que garantice la integridad de cada participante. Cuando el corredor siente que su seguridad peligra entre el tráfico mal gestionado, la motivación se quiebra y el propósito de salud se pierde.
La perspectiva del autocuidado en los nayaritas es alentadora, pero requiere que el sector privado y las instituciones deportivas eleven sus estándares de manera inmediata. El entusiasmo por fortalecer el cuerpo no debe ser explotado por organizadores que solo ven una oportunidad de lucro en el cobro de las inscripciones. Un evento mal ejecutado frustra al corredor y proyecta una imagen de desorden que aleja al talento local de nuestras propias pistas. La calidad debe ser el eje rector de cualquier iniciativa; de lo contrario, estamos ante una simulación deportiva que solo beneficia el bolsillo de unos cuantos improvisados.
Resulta contradictorio que mientras los gimnasios locales se modernizan con tecnología de punta y personal certificado, el atletismo callejero parezca estancado en la falta de planeación. La profesionalización debe ser uniforme en todos los ámbitos del ejercicio. No basta con tener un cuerpo sano si el entorno urbano y las competencias oficiales no brindan las condiciones de orden para ejercer ese derecho a la salud. Es momento de que los organizadores de eventos atléticos asuman su responsabilidad y dejen de ver las carreras como un producto de consumo masivo desechable. La exigencia del deportista nayarita ha evolucionado y la oferta debe estar a la altura de esa nueva madurez física.
Como reportero que observa diariamente el esfuerzo de los ciudadanos por mantenerse sanos, afirmo que Nayarit tiene un potencial enorme para ser un referente de salud. Sin embargo, este potencial se diluye cuando permitimos que la improvisación dicte el ritmo de nuestras competencias. La salud de los nayaritas es un tema serio que no admite ligerezas. Si se convoca a la sociedad y se cobra por una experiencia, el resultado debe ser un evento de altura, con rutas blindadas y una organización impecable. Mi compromiso desde la calle es seguir vigilando que estos espacios cumplan lo que prometen. El deporte en Nayarit merece respeto y una calidad que iguale el sacrificio de cada entrenamiento diario.



