
Observó sus dientes recién aseados. Cumplía doce años y prometió que algún día lo retaría a duelo.
Hasta que celebró sus 50 tuvo valor para comprar la escuadra 45 automática. Frente a sus lustrados dientes amarillos puso fecha y hora.
Quince minutos antes de las doce preparó el arma.
Temblando de miedo, segundos antes vio al otro con movimientos idénticos a los suyos. La 45, una copia de la suya.
Apuntó y disparó, a las doce horas con tres segundos.
Los peritajes consignan un solo disparo y dos impactos: en el espejo del lavabo y en sus dientes amarillos.



