La expresión que encabeza estas “palabras” fue popularizada por Isaac Newton [al parecer en referencia a las conclusiones a las que llegó en relación con las propiedades de la luz gracias a las investigaciones previas de René Descartes y de Robert Hooke]. Sin embargo, se puede encontrar ya en el “Metalogicón” de Juan de Salisbury quien se la atribuye a Bernardo de Chartres varios siglos antes e, incluso ―de acuerdo con Umberto Eco―, a un gramático latino de principios del siglo VI de nuestra era, de nombre Prisciano.
En este caso, me apropio de esta frase para hablar de unos “Apuntes de Historia de la Filosofía en México” que elaboré ―a partir de un compromiso verbal adquirido― para el Seminario Diocesano de Tepic al dar a conocer mi decisión de dejar de dar clases en ese recinto de formación al sacerdocio y en el que colaboré en tres etapas distintas, entre 1981 y 2025.
En realidad, fue hasta los años más recientes de mi colaboración en el Seminario que me tocó asumir esa materia junto con la de “Ideas en América” en la que, sin duda, me sentía más cómodo y con más herramientas para trabajar porque la filosofía mexicana no la alcanzaba a visualizar sino como parte de la latinoamericana al compartir con ella las problemáticas acerca de su existencia, de su autenticidad y de su originalidad, así como algunas de sus figuras relevantes.
Aprovechando “el ocio fecundo” y la recuperación de la libre utilización del tiempo que posibilita el retiro laboral, dediqué un buen número de horas a la redacción de esos “Apuntes” a los que ―contra mi costumbre― puse punto final el día de la toma de posesión de Don Engelberto Polino Sánchez como IX Obispo Diocesano de Tepic; un punto final que no significa que todo esté dicho ahí, sino que hasta ahí llegué con mis “apuntes”.
Para la estructuración de dichos apuntes tomé como base un texto denominado “Estudios de Historia de la Filosofía en México”, el cual elegí no solo por abarcar todas las etapas en que se puede dividir esa historia [desde el pensamiento de los pueblos originarios antes de la conquista, hasta la mitad del siglo pasado], sino también porque los autores de los ensayos contenidos en él son especialistas en los temas que abordan, además de que la mayoría de ellos pueden ser reconocidos también como parte de esa historia. Por eso puedo decir que se trata de apuntes sobre “Pensares filosóficos mesoamericanos, novohispanos y mexicanos” escritos “sobre los hombros de gigantes” tales como Miguel León-Portilla, Luis Villoro, Leopoldo Zea, Ramón Xirau, Fernando Salmerón y Abelardo Villegas.
Para el periodo de la segunda mitad del siglo XX ―no contenido en “Estudios” ya que es una publicación cuya primera edición data de 1963―, me apoyé en textos de quienes pueden incluirse sin duda alguna entre los “gigantes” de ese periodo del pensamiento filosófico mexicano: Guillermo Hurtado, Carlos Pereda, Gabriel Vargas Lozano y Mauricio Beuchot, quien ―dicho sea de paso― tuvo a bien enriquecerlos con una breve presentación.
En algunos capítulos, la fidelidad a los ensayos de los “Estudios” es mayor que en otros, pero en todos ellos, recurriendo a otras fuentes bibliográficas, he pretendido exponer los rasgos generales de la época y abordar más ampliamente ―y, en algunos casos, con cierta profundidad―, la obra y el pensamiento de los personajes más relevantes: Nezahualcóyotl, Tlacaélel, Bartolomé de Las Casas, Sor Juana Inés de la Cruz, Francisco Javier Clavijero, Lucas Alamán, José María Luis Mora, Gabino Barreda, Justo Sierra, José Vasconcelos, Antonio Caso, Samuel Ramos. Joaquín Xirau, José Gaos, Luis Villoro, Adolfo Sánchez Vázquez, Leopoldo Zea y el propio Mauricio Beuchot. Estos últimos como los principales exponentes de los bloques filosóficos mexicanos de la segunda mitad del siglo XX: analítico, marxista, latinoamericanista y continental.
En los capítulos dedicados a “Las corrientes ideológicas en la época de la Independencia” y al “Liberalismo mexicano” he tomado distancia de los ensayos de Luis Villoro y de Abelardo Villegas para obtener una perspectiva más histórico-filosófica en el caso del ensayo de Villoro y para buscar un horizonte más amplio desde la filosofía de la historia americana de Leopoldo Zea en el de Villegas e incorporar el ámbito del pensamiento filosófico conservador omitido no solo en la versión original de los “Estudios”, sino incluso cuando se añadieron los ensayos sobre el liberalismo y sobre los transterrados al texto original.
Los dos puntos en que he asumido un rol más creativo han sido: el excurso sobre los “Vislumbres de lo Otro” villorianos y la interpretación de la “Dialéctica de la conciencia americana” de Leopoldo Zea como secuencia de los intentos de hacer realidad el “Proyecto Asuntivo” martinianoen América Latina a lo largo de las primeras siete décadas del siglo XX.
Como lo digo hacia el final de esos apuntes, ha sido mucho lo que ha quedado por decir “sobre todo en relación con la filosofía multicultural, feminista y decolonial, personajes y obras por explorar y muchas otras maneras posibles de abordar los pensares filosóficos mesoamericanos, novohispanos y mexicanos” ya que lo ahí expuesto lo ha sido desde un enfoque filosófico amplio, capaz de abarcar desde los modos de filosofar más rigurosos [cercanos a la precisión de las ciencias duras] hasta modos de filosofar que se desarrollan en los umbrales de lo poético-literario, siempre con la pretensión de detectar los rasgos de los pensares filosóficos que se puedan considerar mexicanos en sentido estricto, pretensión que creo haber conseguido alcanzar al sostener que los pensares filosóficos mexicanos en sentido estricto parten, ordinariamente, de realidades y situaciones con cierto carácter universal-concreto en el tiempo y el espacio, las cuales son descritas, analizadas y/o interpretadas con diversas herramientas de carácter filosófico y que llevan consigo la pretensión de impactar en algún ámbito de la realidad o en la realidad en su conjunto y que “se pueden detectar en todas y cada una de las etapas en que se puede dividir la historia de nuestro país”.
Concluyo con las “palabras” con que concluyen los “Apuntes”: “Espero con lo que ha quedado plasmado aquí, haber cumplido con mi compromiso de redactar unos apuntes para un Curso de Historia de la Filosofía en México para el Seminario Diocesano de Tepic que ojalá, contengan alguna aportación a la historia de la filosofía en México y a la historia de los pensares filosóficos mesoamericanos, novohispanos y mexicanos”.



