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Nayarit en los rieles del cine en la Época de Oro

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Nayarit se coló en La extraña pasajera(1953) a través de sus estaciones ferroviarias y sus diálogos, viajando directo al imaginario de la Época de Oro del cine mexicano.

Nayarit estuvo presente en el cine mexicano de la Época de Oro, en la película La extraña pasajera  de 1953. Aquí no salieron los paisajes hermosos de nuestro estado; es más, ni siquiera aparecimos en los créditos, peroooo Nayarit apareció en los diálogos, en los nombres de las estaciones del Ferrocarril Sud-Pacífico.

En La extraña pasajera, la trama es algo así: la policía descubre unas joyas en la bolsa de una actriz, ese pequeño hallazgo desata tres planes criminales que se cruzan como en el programa de Historias Engarzadas.

Todo esto ocurre antes de que el tren llegue a su destino final; mientras tanto, ¡todo mundo bien engüazado! Pues los personajes se miran con sospecha y desconfianza mientras el tren avanza por el occidente mexicano, cruzando por la “tierra ardiente, cuna de valientes”, o sea, nuestro querido Nayarit.

En el reparto tenemos nada más y nada menos que a Emilia Guiú como Yolanda; a Víctor Manuel Mendoza como Rodolfo; a Tito Junco, El Dandy y rostros consolidados de la época como Miguel Ángel Ferriz y Arturo Soto Rangel.

Diálogo:Yolanda: “Nunca sabemos cuándo puede surgir una aventura, llega de improviso como el amor, va con nosotros y sólo necesitamos que alguien o algo lo encienda… ¿a dónde llegamos?”
Rodolfo: “A Tepic”.
Yolanda: “Tengo ganas de estirar las piernas, ¿me acompaña?”

En los años cuarenta y cincuenta, el tren representaba progreso, pues te conectabas con el mundo. Dicen los que saben que el ferrocarril en el cine era símbolo de escape, peligro, crimen, transformación y misterio.

Diálogo:Rodolfo Castillo: “¿Por qué se fuga usted?”
Esteban Fuentes: “Porque los padres de ella se oponen a nuestro matrimonio”.
Rodolfo Castillo: “¿Ella es menor de edad?”
Esteban Fuentes: “No, señor, es mayor”.
Rodolfo Castillo: “Mientras llegamos a Ruiz, donde va a subir su novia, ¿tiene usted algunas pruebas que confirmen su declaración?”
Esteban Fuentes: “No, solamente estos dos boletos y las dos camas Pullman”.
Rodolfo Castillo: “Conductor, ¿cuánto tiempo tardaremos en llegar a Ruiz?”
Conductor: “Veinte minutos, llevamos atraso”.
Rodolfo Castillo: “¿Desde dónde traemos el atraso?”
Conductor: “Desde Tecuala”.

Ojo: en este diálogo hay un errorcillo, de esos que hacen llorar a los historiadores y sobre todo al profe Julián, que seguro ya está buscando la libreta roja para regañar a medio mundo… pues según me contaron mis amigos los culturosos, en Tecuala nunca hubo estación del tren; la más cercana era la de Acaponeta.  Perooo es cine, y en el cine el tren pasa por donde se le da la gana, aunque en la vida real ni siquiera pasaba por ahí, ni de chiste.

Se dice, se cuenta, se rumora en la tradición oral ferroviaria del occidente de México que algunos trenes nocturnos del Sud-Pacífico eran usados para transportar presos o cargamentos ilegales. Estaciones pequeñas como El Morado, en Rosamorada, tenían reputación de paradas “fantasma” o peligrosas.

Esto alimentaba la narrativa de misterio en el cine. Por supuesto, no hay pruebas directas ligadas a la película, pero sí un contexto cultural real que hacía creíble ese tipo de historias.

Diálogo:Yolanda: “¿A dónde llegamos?”
Rodolfo Castillo: “Supongo que a La Morada (Rosamorada), una estación de mala muerte. Vamos a tomar algo, ¿quiere?”

Como lo leyó: una estación de mala muerte.

La extraña pasajera se filmó en los Estudios Tepeyac y fue la última película del director Fernando A. Rivero. Después del filme dejó el cine para dedicarse a la publicidad.

Hoy, cuando hablemos de la Época de Oro del cine mexicano, recordemos que hubo un Nayarit que aparecía en las rutas, en los diálogos, en las sombras de los vagones de esta película: un Nayarit que fue parte del México moderno y del México cinematográfico.

Fuente: Profesor Julián Pineda Galaviz.

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