Cualquier manifestación resulta importante porque expresa situaciones que requieren corrección dentro de la estructura social. Las movilizaciones funcionan como un mecanismo de reclamo para que las autoridades y la comunidad atiendan demandas específicas que han quedado pendientes a lo largo del tiempo.
La moderación en las acciones de protesta, según la perspectiva de la jerarquía eclesiástica, garantiza que el mensaje de paz no se contradiga con actos de fuerza hacia terceros. El obispo de la Diócesis de Tepic, Engelberto Polino Sánchez, consideró que la búsqueda de justicia debe encontrar vías que eviten la confrontación física o el daño a la propiedad.
La Catedral de Tepic, por su valor histórico y arquitectónico, representa un patrimonio que pertenece a todos los ciudadanos de estas tierras. La administración religiosa tiene la encomienda de vigilar la integridad física del recinto para asegurar que las futuras generaciones puedan disponer de este monumento emblemático del centro histórico.
Las autoridades eclesiales buscarán mecanismos para proteger la infraestructura religiosa sin recurrir a agresiones contra las manifestantes durante la marcha programada. Estas acciones de resguardo, explicó Polino Sánchez, se limitarán a la preservación de los muros y elementos ornamentales que constituyen la herencia cultural de la capital nayarita.
El derecho a la libre expresión y la defensa del patrimonio histórico conviven en una agenda pública que demanda prudencia de todas las partes involucradas. La Diócesis mantiene su postura de puertas abiertas al diálogo y al entendimiento de las causas que motivan la indignación social en el marco del Día Internacional de la Mujer.



