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lunes, febrero 23, 2026
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Despedida y Bienvenida

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Teniendo como culmen la celebración eucarística en la plaza de la sede parroquial de Santa Isabel; enmarcada con la presencia de las imágenes del Señor de la Ascensión y de la Virgen de la Candelaria y en los cantos encabezados por el coro infantil de Tequepexpan se llevó a cabo la despedida del Padre Gabriel García y la bienvenida del Padre Miguel Covarrubias [o, dicho administrativamente, la entrega recepción parroquial] en Santa Isabel, Nayarit.

La celebración fue iluminada por la Palabra proclamada tomada de los Hechos de los Apóstoles en relación con la primera comunidad cristiana [se reunían frecuentemente para escuchar la enseñanza de los apóstoles, y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común…] y del Evangelio de Juan sobre el perfil del Buen Pastor [Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, escapa abandonando las ovejas, y el lobo las arrebata y dispersa. Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y doy la vida por las ovejas…].

Dicha Palabra se tornó realidad por la presencia de una comunidad cristiana proveniente de las cuatro poblaciones que conforman la comunidad parroquial [Tequepexpan, El Ahualamo, Las Mesitas y Santa Isabel] y de 12 buenos pastores encabezados por Don Engelberto Polino, noveno obispo de Tepic; Gabriel García Ponce, párroco saliente y Miguel Alberto Covarrubias García.

En medio de una serie de paradojas existenciales [despedida-bienvenida; tristeza-alegría; sacro-profano; mariachi-banda, entre otras] estética y misteriosamente armonizadas fuimos testigos de la despedida de Gabriel después de once años de intentar y lograr ser profeta, sacerdote y pastor en su propio pueblo y comunidades aledañas, culminando así cerca de cincuenta años de un ejercicio ministerial en que el Espíritu le condujo a tierras chiapanecas, brasileñas y peruanas y, dentro de nuestra diócesis, a El Rodeo y a la Colonia 2 de agosto [desde su fundación], a La Aurora de Puerto Vallarta y, en dos ocasiones a su pueblo natal.

Un buen pastor [las mayúsculas se reservan para el Pastor de los Pastores] que, desde su primera experiencia en la Diócesis de San Cristóbal aprendió a escuchar y atender el clamor del Pueblo de Dios y acompañar procesos de liberación de creyentes y no creyentes comprometidos con la causa del Reino de justicia y de paz y que, en los años más recientes, siguió desgastándose en la construcción de comunidades solidarias desde su pobreza, alimentadas con la Palabra meditada, orada y operada y reunidas para la fracción del pan en los días del Señor [los domingos] y en los tiempos fuertes Adviento-Navidad, Cuaresma-Pascua y en las fiestas patronales [La Virgen de la Candelaria [2 de febrero, en El Ahualamo], San Antonio de Padua [13 de junio, en Tequepexpan], el Señor de la Ascensión [fecha móvil de acuerdo con la fecha de la Pascua, en Santa Isabel], así como otras fiestas relevantes: Santa Isabel [5 de noviembre], la llegada de la Virgen del Espíritu Santo a Tequepexpan [el 25 de octubre]…

Hacia el final de la celebración, cuatro mensajes…

El primero de ellos, lleno de emoción, de Gabriel, agradeciendo a muchísimas personas y grupos de personas [el pastor que conoce a sus ovejas y que es conocido por ellas]. Destacable en él, el agradecimiento al Señor de la Ascensión por haberle permitido cumplir un sueño que tuvo desde niño: pastorear a su pueblo; a las comunidades que conforman la parroquia; a Don Engelberto por haber aceptado convertirse en Obispo de Tepic; a los agentes de pastoral [Catequistas, Discípulas de María de El Ahualamo, Animadores de los barrios, Cruzados, Cofradías de Tequepexpan, Comités de reconstrucción] por su colaboración; al Padre Miguel Covarrubias por haber aceptado rápida y generosamente ser pastor de su pueblo; al Padre Antonio Cortés por los años que caminaron juntos; al Padre Jesús Meda por haber sido su padre espiritual y haberle acompañado y protegido siempre; a Juanita y Edelmira por su cuidado del templo y del curato; a las personas que le preguntaban si ya había comido y que, como Olimpia Dueñas ―a sus 95 años―, le enviaban “cositas para comer”, así como a todas las personas que le sustentaron a lo largo de once años con once días…

Un mensaje culminado con una exhortación al pueblo a querer y cuidar al padre Miguel y con una bienvenida a Miguel, desde la convicción de que disfrutará y será muy feliz si es fiel al pueblo que se le encomienda y que su presencia joven dará frescura a la pastoral parroquial, como lo ha hecho en ocasiones anteriores…

El segundo, del bienvenido Padre Miguel, quien se mostró agradecido con Dios y dispuesto a integrarse a la comunidad y aprender a ser un buen pastor…

El tercero, de Yolanda Valle, agradeciendo a Gabriel por haber sido sacerdote, pastor, maestro y padre espiritual de las comunidades que conforman la Parroquia acompañando como buen pastor sus momentos de alegría y de tristeza, los que dejarán una huella indeleble…

El cuarto y último, muy breve, para dar la bienvenida al Padre Miguel…

Al final de la celebración, una cena comunitaria para la que se prepararon mil setecientos tamales, un buen número de litros de champurrado y jugo de caña [combinado con jugo de piña], pasteles que fueron cortados por los tres pastores antes mencionados y amenizada por el ballet folclórico Yolotzin de El Ahualamo…

Personalmente, agradecido también por haber sido testigo participante de esta celebración que me trajo tantos recuerdos de esos cuatro ciclos en que, gracias a los “buenos oficios” del Padre Meda y de Gabriel, pude acompañar pastoralmente a esa Viña Amada de Santa Isabel, así como los más recientes de los Triduos Pascuales vividos en Tequepexpan…

Doy gracias a Dios por el ministerio de Gabriel y le doy gracias a Gabriel por su amistad, cariño, respeto, agradecimiento y confianza que siempre me ha mostrado…

Y al bienvenido Miguel, que tenga la certeza de que será no solo bienvenido sino tan querido y amado como sea capaz de querer y amar y de dejarse querer y amar porque la parroquia de Santa Isabel es ―como pocas― capaz de querer y amar a sus pastores y no solo eso, sino que es también una comunidad formadora de pastores, por lo que, sin duda alguna, harán de él un buenísimo pastor…

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