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Entra Bahía a grandes ligas… de inflación de vivienda

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El mercado de la Riviera Nayarit consolida una fractura social donde el paraíso rinde fortunas a fondos de inversión y condena al destierro a los locales

La franja costera de Nayarit opera hoy bajo una esquizofrenia económica. Tenemos dos realidades paralelas que, por diseño, jamás se tocan: de un lado, las torres de cristal y el lujo que celebra una abundancia sin precedentes; del otro, miles de trabajadores que sostienen esa maquinaria pero terminan expulsados sistemáticamente de su propia tierra. Esta exclusión representa un muro financiero que no se puede derrobar. Al cierre de 2025, el precio de la vivienda en la Riviera Nayarit escaló un 11.9 por ciento. Para los dueños del capital, es una victoria; para el empleado local, es simplemente un “no pasas”. Es la moneda de siempre: una cara brilla, la otra está rayada.

Pensemos en alguien con un puesto de mando medio, un gerente de piso en la zona hotelera que gane, digamos, 20 mil pesos mensuales. En cualquier otro estado, esa cifra sugiere estabilidad. Pero en Bahía de Banderas, ese cheque se pulveriza al contacto con el mercado inmobiliario. La regla dicta que el gasto en vivienda debe mantenerse por debajo de un tercio del sueldo. Para este gerente, su techo son siete mil pesos al mes. Con eso, en la costa, difícilmente alcanza para el enganche de un sueño. Al final, el mercado le receta un rotundo “¡lástima, Margarito!” y lo borra de la jugada patrimonial. O Margarita, que para el caso es lo mismo.

Los números de la Sociedad Hipotecaria Federal* resultan brutales. Una casa promedio en Nayarit ya ronda los 2 millones 221 mil pesos. Pero Bahía de Banderas juega en otra liga, una franja donde los precios de entrada están por las nubes. Incluso la vivienda “mediana”, esa que divide al mercado exactamente por la mitad, cuesta casi un millón y medio de pesos. El banco exige ingresos superiores a los 40 mil pesos mensuales para autorizar un crédito por esa cantidad. La aritmética básica dicta sentencia: el trabajador local queda fuera de su propio municipio.

Este encarecimiento del 11.9 por ciento confirma una tendencia irreversible. Bahía abandonó la competencia con los mercados vecinos para codearse con los gigantes. Estamos apenas un escalón debajo de Quintana Roo y Los Cabos, los monarcas de la inflación inmobiliaria. Es el tercer bloque de mayor costo en el país. El municipio nayarita construye ahora para el capital extranjero que busca una bóveda de alta rentabilidad y bajo riesgo. Hemos pasado a las grandes ligas de las casas caras, con la exclusión de los nuestros como precio de entrada.

La consecuencia de este festín de plusvalía es el desplazamiento forzado. La gente sobrevive donde puede. Miles de familias cruzan diariamente la frontera con Jalisco buscando alquileres que permitan llevar comida a la mesa, asumiendo el costo del transporte y el desgaste físico. Ven el río Ameca dos veces al día, de ida y vuelta, de la casa-dormitorio al paraíso ajeno. Es un mundo bello, sí, pero dividido: uno para los que compran y otro para los que, como el chinito, nomás se quedan mirando desde la periferia. Así se entra a las grandes ligas, aunque no todos tengan invitación.

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* La Sociedad Hipotecaria Federal (SHF) es una institución de la banca de desarrollo que regula y fomenta el mercado inmobiliario en México. Es la fuente oficial más confiable porque emite el Índice SHF, el cual mide el precio real de la vivienda basado en avalúos técnicos, eliminando la especulación comercial para ofrecer datos precisos sobre la inflación del sector.

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