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Blanca Echevarría Domínguez (1948-2026)

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Con su partida se cierra capítulo de una estirpe que marcó la vida de Santiago Ixcuintla y de Nayarit entero. La señora Blanca Echevarría fue la menor de los cuatro hijos de don Antonio Echevarría Pérez y doña Blanca Domínguez Estrada, de quien heredó el nombre como quien hereda una promesa. Creció junto a Rafaela, Antonio y Enrique en aquella tierra caliente del norte de Nayarit, formada por el ejemplo de unos padres cuyas enseñanzas, como su hermano ha dicho siempre, hicieron de los Echevarría Domínguez una familia unida y solidaria. Con un profundo amor a México y a Nayarit.

La vida la llevó lejos de las calurosas calles de su infancia. Blanca formó su hogar en la Ciudad de México al lado del general Marco Antonio Meza Barajas, militar de larga y distinguida carrera en el Ejército Mexicano, con quien construyó una familia numerosa y entrañable. De esa unión nacieron cinco hijos: Blanca, Marco Antonio, Martha Livier, Ana Josefina y Nazario, y después vinieron los nietos que prolongaron la alegría de su casa. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer luminosa y generosa.

Aunque la distancia la separó físicamente de Nayarit, Blanca nunca dejó de pertenecer a esa tierra. Fue accionista de Grupo Álica, el conglomerado empresarial que sus hermanos Antonio y Enrique edificararon desde los años setenta, y que se convirtió en el motor económico de la región. Su vínculo con la empresa familiar fue un lazo de identidad, la forma concreta de seguir atada a sus raíces.

Su muerte deja a don Antonio como el último de los hermanos Echevarría Domínguez. Antes se fueron Enrique y Rafaela. Antes aún, los padres que les dieron todo. “Con su partida, mi orfandad es absoluta”, escribió Antonio esa misma tarde de domingo, con la honestidad de quien ya no tiene a quién llamar para recordar juntos la infancia compartida. Pero en medio del dolor, el hombre que fue gobernador de Nayarit y que ha dedicado su vida a construir sobre esta tierra encontró, como cristiano, la esperanza de un reencuentro: “Confiamos en que su espíritu descansa ya en la paz de Dios”.

Blanca Echevarría Domínguez se fue un domingo de marzo, a los 77 años, mientras en una plaza de toros de Tepic un animal bravo llevaba el nombre de Blanquita por el ruedo. Hay algo profundamente poético en esa coincidencia: la vida y la muerte cruzándose en el mismo instante, como en las mejores faenas, donde lo bello y lo trágico son una sola cosa.

Será sepultada este miércoles, en el cumpleaños 82 de su hermano Antonio.

Que descanse en paz la menor de los Echevarría, la que llevó el nombre de su madre y lo honró con una vida entera de presencia luminosa.

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