Marisela Hernández, de 64 años de edad, viaja diariamente desde el municipio de Compostela hacia la capital nayarita para vender gorditas de nata y costear las necesidades de su hijo con discapacidad y sus dos nietos. El traslado diario representa para la trabajadora un gasto de 140 pesos en transporte, suma que debe cubrir antes de asegurar el sustento para su hogar.
Con una producción artesanal originaria de Compostela, Hernández ofrece cada paquete de gorditas en 30 pesos. En una jornada habitual, logra desplazar entre 30 y 40 paquetes, recorriendo las calles de Tepic con el objetivo de obtener el ingreso necesario para la manutención de su familia, conformada por cuatro integrantes que dependen exclusivamente de su labor.
La motivación principal de la vendedora es su hijo de 34 años, quien padece diabetes mellitus. Esta condición de salud, agravada por una trombosis, derivó en la amputación de una de sus extremidades inferiores en dos intervenciones médicas distintas. Debido a esta discapacidad, el hombre se encuentra imposibilitado para realizar trabajos físicos, tras haber laborado anteriormente en una empresa jitomatera.
A la situación de salud se suma la responsabilidad de crianza de dos menores de edad. Tras el agravamiento de la enfermedad del padre y la pérdida de sus ingresos económicos, la madre de los niños decidió abandonar el hogar, dejando a los infantes bajo el cuidado total de su abuela. Ante esta realidad, Hernández asumió la jefatura de familia y la proveeduría de alimento y cuidados básicos.
A pesar de las dificultades físicas y el cansancio acumulado, Marisela Hernández continúa su recorrido diario por la capital del estado. Su labor depende de la venta directa al público y de la solidaridad de la ciudadanía, factores fundamentales que le permiten regresar a Compostela con los recursos suficientes para alimentar a su hijo y nietos.







