Lejanamente inspirada en “Tres colores: Azul, Blanco y Rojo”, la trilogía noventera coproducida entre Francia, Polonia y Suiza y dirigida por Krzysztof Kieślowski y recurriendo a un término “asomo” del que, con una variante que transforma la forma verbal “asoma” en sustantivo, y que me apropié desde la primera vez que lo encontré en la Canción 13 del “Cántico Espiritual B” [12 del A] de San Juan de la Cruz espero escribir en esta Primera Semana de Pascua 2026 tres asomos a “mi Semana Santa 2026”…
Como se habrá dado cuenta quien ha iniciado la lectura de estas “palabras” desde el título, este primer “asomo” se refiere a la serie “Los elegidos” [The Chosen] ―esa serie creada, dirigida y coescrita por Dallas Jenkins de la que ya se puede tener acceso a cinco de siete temporadas que se tienen proyectadas desde el inicio…
Por obvias razones, durante la Semana Santa 2026, en tres sesiones más o menos prolongadas, me di a la tarea de ver los 8 capítulos que conforman la Quinta Temporada y que abarcan desde la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén hasta el beso con que Judas entrega a Jesús en el huerto de Getsemaní.
Con la ventaja que ofrece el contar con alrededor de siete horas para exponer esos últimos días de la vida de Jesús, parece que tanto en la elección de los personajes, de acontecimientos y de diálogos, esta temporada permite algo más que unos “asomos” a los acontecimientos pudiéndose percibir las complejas tramas socioreligiosas derivadas de las distintas e, incluso, contradictorias perspectivas de los grupos implicados y, dentro de ellos, de los personajes clave.
A pesar de la ―hasta cierto punto― inevitable mezcla de los puntos de vista de los evangelios sinópticos [cada uno de los cuales tiene ya su propia identidad] y del evangelio de Juan, se logra más que satisfactoriamente mostrar la que los marxistas denominarían, la contradicción principal entre las autoridades religiosas por un lado y Jesús y sus seguidores por otro, como se evidencia en la entrada de Jesús a Jerusalén en la coyuntura de la Pascua.
Asimismo, la serie muestra “a las claras” el significado multidimensional de los dichos y los hechos de Jesús en la escena de la expulsión de los mercaderes del templo que en la serie se une con palabras tomadas del durísimo capítulo 23 del evangelio de Mateo y con la parábola de los viñadores homicidas.
Los personajes de quienes los propios evangelios ofrecen perfiles mejor definidos ―Pedro, Juan, Mateo, Tomás y Judas― están muy bien representados y en el caso del resto de “los elegidos” se logran perfiles interesantes, especialmente el de Simón “el Zelote”…
De las mujeres que acompañaban a Jesús, María Magdalena y María, su madre, sin duda alguna, desempeñan los papeles principales siendo fieles a los textos evangélicos y, en el caso de María Magdalena, al protagonismo que en tiempos recientes ha alcanzado…
No podían faltar los dos principales representantes del poder jerosolimitano: el Procurador Poncio Pilato [“puñetero y desalmado”, diría la Misa Campesina Nicaragüense] y Caifás y sus mujeres, así como otros personajes que aparecen en los evangelios [Nicodemo, María de Betania, Zebedeo] y otros personajes de ficción [Quinto , Atticus, Gayo, Malco, Ramah…].
Entre todas las escenas que ofrece esta temporada, me impactaron particularmente tres:
La oración “Hubiera sido suficiente” [Deyanu] de la que se muestran dos versiones: la tradicional que interpretan Jesús y sus discípulos con respuestas corales en la que participan las mujeres ahí presentes, en la que “se va pasando revista” a los acontecimientos que van desde la liberación del pueblo de Israel de la opresión egipcia hasta el ingreso a la tierra prometida [esa que “mana leche y miel”], y otra en el contexto de una cena que tiene Jesús exclusivamente con mujeres [María, su madre, María Magdalena, Edén, la esposa de Pedro, Tamar, extranjera que sigue a Jesús al ver la curación de un paralítico en Cafarnaúm, Martha y María de Betania y Juana, quien en la serie es esposa de Chuza, administrador de la casa de Herodes Antipas y bienhechora de Jesús y su grupo, quienes van dando gracias por lo que hizo por cada una de ellas o por sus seres queridos, afirmando que aunque con ellas no hubiera hecho lo que hizo, sería suficiente…
La segunda escena que me impactó profundamente fue la del lavatorio de los pies ―ese pasaje propio del evangelio de Juan y uno de los pocos que ha llegado a formar parte de los ritos de la Semana Santa―, en la que se simboliza que a Jesús solo le fue suficiente el amar “hasta el extremo” asumiendo “la condición de siervo hasta la muerte y muerte de cruz” lo que, inevitablemente despertaría resistencias diversificadas en quienes le consideraban su Maestro, particularmente en Judas ―quien esperaba un rol más protagónico frente a “los poderes de este mundo”― y en Pedro, que se consideraba indigno de que su Maestro le lavara los pies…
La tercera escena ―que me condujo del huerto de Getsemaní al pasaje del Valle de los huesos secos de la profecía de Ezequiel e, inevitablemente, a los miles de cadáveres descubiertos a lo largo y ancho de nuestro país, a los miles de cadáveres sin identificar que yacen en Semefos y a los miles de desaparecidos que, por más que se reclasifiquen, seguirán clamando al cielo pidiendo ser localizados ―vivos o muertos― reconocidos, sepultados con la dignidad que merecen y que resuciten por, con y en “el primogénito de entre los muertos”…
Aun siendo una obra producto de la fantasía, por estar basada “en hechos reales” como suele decirse, “The Chosen”, además de su valor estético, ofrece esas y otras muchas posibilidades para la reflexión, la oración y la conversión…







