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miércoles, abril 8, 2026
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Tres asomos a los misterios del Triduo Sacro: 2. Homilía de Fray Roberto Pasolini en los Oficios del Viernes Santo en la Basílica de San Pedro

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Este segundo “asomo” a los misterios del Triduo Sacro que provienen de algunas de las experiencias virtuales vividas la semana pasada, tiene como referencia la homilía que Fray Roberto Pasolini [nombrado Predicador de la Casa Pontifica el 9 de noviembre de 2024 en sustitución del cardenal Raniero Cantalamessa, quien había ocupado el cargo durante 44 años y que tiene como responsabilidad principal dirigir las meditaciones de Adviento y Cuaresma para el Papa y la Curia Romana] leyó durante la celebración de los Oficios del Viernes Santo 2026 en la Basílica de San Pedro…

De acuerdo con algunas fuentes etimológicas, “homilía” es un término que proviene del griego y que significa conversación, charla familiar o lección de un maestro” y se puede definir como una explicación de las lecturas proclamadas durante la Liturgia de la Palabra y una aplicación de la misma a la vida de los fieles o, incluso, a los “signos de los tiempos”.

Sin embargo, la carencia de uno o varios de los cuatro elementos que el Padre Joaquín Antonio Peñalosa consideraba esenciales para una buena predicación en su “Manual de la Imperfecta homilía” [virtud, cultura, experiencia y técnicas de comunicación] en quien tiene que explicar y aplicar la Palabra proclamada suele no solo alejarla de su finalidad, sino hacer divagar a quienes la escuchan e, incluso llevarles hasta un aburrimiento inevitable…

Menos mal que no es el caso de este fraile capuchino que lleva un apellido que el polifacético y controvertido escritor, cineasta y director de teatro Pier Paolo hizo famoso no solo en tierras italianas en las décadas de los sesenta y setenta, antes de ser brutalmente asesinado.

En alrededor de quince minutos y menos de dos mil palabras, el Predicador de la Casa Pontificia intentó conducir a los escuchas a contemplar “la pasión del Señor” que se acababa de proclamar, en latín, en la versión de San Juan teniendo como clave interpretativa los cuatro cantos del Siervo de Yahvé que se encuentran en los capítulos 42, 49, 50 y 52 del Libro del Profeta Isaías y que corresponden al conocido como Segundo Isaías, quien habría desarrollado su actividad durante el exilio babilónico y cuyo mensaje central habla de un nuevo éxodo más glorioso que el primero…

Ante todo, Pasolini identifica estos cantos como “textos poéticos en los que el profeta Isaías esbozó la figura de un siervo misterioso a través del cual Dios puede salvar al mundo del mal y del pecado” y recordando que “la tradición cristiana ha reconocido en estos cantos una sorprendente prefiguración y también dramática de esos pasos que Jesús realizó identificándose como el hombre del dolor que se despojó de sí mismo hasta la muerte”.

Una vez dicho esto, en el Primer Canto encuentra plasmada la misión del siervo: “abrir los ojos a los ciegos y sacar a los presos de la cárcel” y la manera en que la ha de llevar a cabo: con delicadeza extrema. “No gritará, no alzará la voz, no se oirá su voz en las calles, no quebrará la cañas, no apagará la mecha que humea”.

Pero que el cumplimiento de esa misión no le será fácil de cumplir, como se muestra ―para Fray Roberto― en el segundo canto en el que el siervo exclama, entre otras cosas: “En vano me he gastado mis fuerzas. El bien sembrado no parece germinar”.

Peor aún, en el tercer canto del Siervo de Yahvé Pasolini encuenta una nueva sorpresa: “el siervo se da cuenta de que las mismas personas a quienes desea ayudar reaccionan con hostilidad, con rabia, incluso con violencia”…

Eppur… [Galileo “dixit”] “el siervo no retrocede. Continúa el camino indicado por el Señor sin huir”.

En el cuarto canto ―el que se proclama en la liturgia del Viernes Santo―, “la violencia que sufre el siervo es tan intensa que desfigura su rostro dejándolo irreconocible”.

“Entregué mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que me arrancaban la barba. No escondí mi rostro a los insultos y a los escupitajos”.

“Y sin embargo ―subraya el Predicador de la Casa Pontificia―, precisamente en este camino, el siervo aprendió a no devolver el mal recibido”.

A estas alturas de su homilía, llega el momento de encontrar el cumplimiento y la plenitud del contenido de los cantos del Siervo de Yahvé en la vida, pasión y muerte de Jesús y la exhortación que con ello hace a la humanidad entera.

“Hermanos y hermanas, Jesús no solo se limitó a escuchar estos cantos, los ha interpretado y los ha vivido intensamente con plena confianza en la voluntad del Padre, hasta el punto de transformar su crucifixión en un acto de salvación”.

“Jesús rompió esta cadena no imponiéndose con una fuerza superior, sino aceptando lo que le sucedió y reconociendo en ello la recompensa dramática de su pasión, reconociendo la partitura del canto de amor y de servicio que el Padre le había confiado a su vida”.

“Así, recorriendo el camino de la cruz, aprendió la obediencia más difícil, el del amor por el otro, incluso cuando el otro se presenta como enemigo”.

Y, antes de concluir, un asomo al aquí y ahora:

“El mal sigue circulando porque encuentra a alguien dispuesto a devolverlo y a multiplicarlo”.

“Ayer como hoy, el mundo necesita ser salvado de la violencia del mal, de la injusticia que mata, de las divisiones que humillan. Pero esta salvación no caerá de lo alto ni puede garantizarse mediante decisiones políticas, económicas o militares. El mundo se salva continuamente por aquellos dispuestos a abrazar los cantos del siervo del Señor como fundamento de sus vidas”.

¿Existen esas personas?

¡Sí! lo cree Pasolini y lo expresa en palabras como estas:

Una multitud silenciosa de personas […] elige escuchar a una voz diferente. Algunos la reconocen claramente como la voluntad de Dios. Otros la oyen como un llamado profundo e indispensable de su propia conciencia.

Son hombres y mujeres normales que caminan a veces sin siquiera saberlo por el mismo camino del siervo del Señor.

No realizan gestos extraordinarios. Soportan cargas que no eligieron, abrazan heridas sin endurecerse.

No dejan de buscar el bien, incluso cuando parece inútil. No hacen ruido, no ocupan el escenario, pero mantienen abierta la posibilidad de un mundo diferente.

Gracias a ellos, el mal no tiene la última palabra y la historia no termina en la violencia…

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