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miércoles, junio 3, 2026
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De cortes dorados, ética y virtud

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No quiero oro ni quiero plata, yo lo que quiero es romper la piñata, decía una canción de la cultura popular mexicana en la que se privilegiaba el hecho de acabar a palazos con los pecados capitales palazos sin importar el valor de los metales.

Y es que el oro, resultado de estrellas extinguidas donde el hidrógeno se convirtió en hielo y en los estallidos finales de las supernovas, nos llevó a los humanos a aprender a obtenerlo, a moldearlo y salvaguardarlo en templos, cofres de las abuelas y en los bancos, atribuyéndole una gran propiedad: llave de oro, lo abre todo. El oro ha sido también el generador de uno de las más intensas formas de odio. Estoy hablando de aquel que se siente por alguien que, sin el menor esfuerzo, logra cosas que tu ni en sueños.  habrás de alcanzar. “Es que se encontró un tesoro” o “Se lo ganó trabajando”, cuando todos nos preguntamos ¿Cómo se hizo de mulas Pedro? Y lo peor viene cuando te imaginan chupándote el dedo, mientras te dicen cuentos que ni el escritor danés, Hans Christian Andersen pudo detallar en “El traje nuevo del emperador”.

¿Y por qué todo este dorado afán a mediados de semana? Porque mientras un ciudadano de a pie, anda tratando de empeñar las arracadas de la abuela Dorinda o aquella cadena que nos dejó el abuelo Aureo como herencia y así poder aspirar a dar el enganche para una pantalla de muchas pulgadas para ver el Mundial de Futbol, ahora sucede que Jesús Ernesto López, el hijo más pequeño del ex presidente Amlo  fue captado en la exclusiva inauguración de “Salt Bae” en la Ciudad de México, un restaurante propiedad de un turco que ofrece cortes de carne bañados en oro comestible, con precios que superan los 4 mil pesos por plato y que otros llegan a costar hasta los 32 mil.

Qué curioso que en un país donde comer para sobrevivir es una necesidad básica y que, por los elevados precios, se ha convertido en un lujo. Esta afirmación cobra sentido, cuando vemos a este joven comensal, mostrándonos una experiencia de estatus, comiendo un corte bañado en oro, uno de los mayores lujos y atractivos gastronómicos a nivel mundial que a partir del 29 de mayo, está abierto en la capital mexicana. ¿Qué diría Aristóteles cuando afirmó que la comida no solo es un combustible, sino una cuestión de ética y virtud?  

Pues les dejo porque voy a comer unas entomatadas que cocina mi tía Aureliana que también son un lujo por el precio del tomate- con unas rodajas de aguacate, el único “oro verde” a nuestro alcance…y al lado por supuesto de mi perro Goldie, que es lo más dorado a lo que puedo aspirar. 

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