
Debiera haber obispas, comedia de Rafael Solana estrenada en 1954, cuenta cómo Matea cuidó al cura del pueblo hasta que él, vencido por el peso de su oficio, le confesó los pecados de la comunidad entera. Cuando murió el sacerdote, ella heredó un poder descomunal sobre cada vecino. Bueno o malo el argumento, fue andamio para subir al escenario la visión de la Iglesia sobre la mujer y la sexualidad. Setenta y dos años después de aquel estreno, el papa León XIV ha nombrado prefecta del Dicasterio para la Comunicación a la mexicana Montserrat Alvarado: primera mujer laica que dirige en solitario un dicasterio en una Iglesia hasta hoy de dominación masculina. La grieta se abrió. Toca ensancharla sin demora ni pudor, hasta que una mujer ocupe sin asombro el trono de Pedro.







