
Hizo falta que una marquesa madrileña, en el púlpito de un magnate enemistado con el fisco, leyera en voz alta una lista que México conoce de memoria: ciento treinta y cuatro mil desaparecidos, el rancho del horror de Teuchitlán, las madres que escarban la tierra con varilla y pala. La presidenta despachó el discurso con dos palabras, «otra española» y «kafkiano», y siguió. Cierto: el mensajero ensucia el mensaje, pero los muertos no preguntan por su pasaporte. Cayetana Álvarez de Toledo viene con título de Castilla, escenario de millonario en pleito fiscal y una consigna que reduce el país a dos casillas de boleta. Esa carga estropea el discurso, no los cuerpos. Los zapatos vacíos de Jalisco siguen donde estaban, a la espera de una respuesta a su altura, que no sea «kafkiano».







