En un pueblito de Nayarit hay un árbol tan viejo, tan raro y tan famoso, que casi casi le hablan de usted. Pues… se dice, se cuenta, se rumora que la madera de este tipo de árbol ¡fue usada para construir la cruz de Cristo! ¿Exagerado? Tal vez. ¿Históricamente comprobado? No. ¡Perooo! Le da un toque de misticismo que atrae a creyentes y turistas.
Hablamos de San Pedro Lagunillas, donde vive el terebinto, árbol conocido como un verdadero “fósil viviente”.
¡Decir “fósil viviente” no quiere decir que el árbol ande convertido en piedra, no exageremos! Lo que pasa es que se trata de una especie antiquísima, tan vieja y tan respetada que hasta aparece mencionada en la Biblia, en las Santas Escrituras, en el Libro Sagrado; o sea, no es cualquier arbolito de banqueta.

Isaías 6:13 dice: “El profeta compara al pueblo con un terebinto que, aun después de ser cortado, conserva un tronco del que puede renacer”.
¡Amén!
Este árbol es una especie originaria del Mediterráneo; sin embargo, en San Pedro Lagunillas todavía sobreviven algunos ejemplares longevos que son considerados únicos en América. ¿Y cómo llegó aquí? Alguien lo trajo en barco.
¡Y vamos de nuevo!… Se dice, se cuenta, se rumora que el primer terebinto llegó a San Pedro Lagunillas por ahí de 1564, traído por Bernardo de Balbuena (uno de los fundadores de Compostela), o por su hijo poeta del mismo nombre, aunque este último llegó en 1592, así que… ¿quién sabe?
Lo único seguro, según las malas lenguas de las buenas gentes, es que bajo su sombra el buen Bernardo escribió sus versos más bellos…
…Los altos montes de Jalisco y Jala, El gran volcán de Jala, monstruo horrible del mundo, y sus asombrosos el más vivo, que ahora, con su roja luz visible, me sirve de hacha a lo que atento escribo…
Y ese árbol creció. Los años pasaron, pero llegó la Cristiada, el país ardía, el árbol fue olvidado y, poco a poco… empezó a morir.
Algo curioso sucede con este árbol, ya que florece y da semillas; sin embargo, esas semillas ya no germinan, de manera que sus hijos necesitan ayuda humana para nacer.
En 1930, don Joaquín Ibarría, con paciencia de santo, logró reproducir este árbol por acodo, obteniendo dos arbolitos nuevos y salvándolos así de la extinción en esta región.
En 1965, el profesor Rogelio Ibarría Ruiz donó al ayuntamiento unos arbolitos que había logrado reproducir, y el cabildo, en su infinita sabiduría, los ubicó en un pequeño jardín triangular entre la presidencia municipal y la parroquia de San Pedro Apostol.

Pero Rogelio no se quedó ahí. En 1973 donó dos más, para que cada esquina del triángulo tuviera su terebinto. Y como si fuera poco, en 1995 la familia Ibarría Parra le regaló otro al ayuntamiento… esta vez para la entrada del panteón. Así, el profesor cumplió su sueño: que hasta los muertos tuvieran un terebinto cerca. ¡Vaya obsesión!
De tal manera que el terebinto de San Pedro Lagunillas es parte de su memoria, de su identidad; es historia viva de un pueblo que sabe que, cuando cuida sus raíces, también está cuidando su futuro.
Fuente: Pedro Ávalos Ibarría, El terebinto, un fósil viviente en San Pedro Lagunillas, Nayarit (1995). Archivo particular de Julián Pineda Galaviz.







