En 1984 pasó algo que en el futbol profesional sonaba casi a película: un entrenador de Primera División se aventó el viaje hasta Tepic con una sola misión, llevarse a un chamaco amateur que jugaba en la colonia Zapata. Sin tanto protocolo… el tipo fue directo.
Ese hombre era Francisco Avilán, técnico de las reservas del Monterrey, y el joven que se llevó no era cualquier muchacho; era nada más y nada menos que Eduardo Missael Espinoza Padilla.

Según las malas lenguas de las buenas gentes, hasta hoy sigue siendo el único caso registrado de un representante de Primera División que fue personalmente hasta Nayarit por un futbolista amateur.
Missael Espinoza nació en Tepic el 12 de abril de 1965. A los 11 años entró al club de su colonia, la Zapata. Ocho años después, ya no era el niño que iba a patear un balón por pasar la tarde; era un delantero serio, pues fue campeón goleador en las categorías Juvenil de Primera y Juvenil A.
Para 1983, Missael ya traía el balón tan domesticado que integró la Selección de Nayarit que se coronó campeona nacional de Primera Fuerza en Irapuato, y desde entonces su nombre empezó a correr de boca en boca. Ya no era solo el muchacho de la Zapata; era un futbolista que comenzaba a tocar la puerta del profesionalismo… y la puerta ya estaba entreabierta. Amén.
Se dice, se cuenta, se rumora que, como técnicamente aún no debutaba con Rayados, pues estaba en la reserva, ¡Missael volvió a Tepic para jugar la final amateur con su Zapata! Eso no era amor por la camiseta; eso ya era un romance serio.
Debutó con Rayados el 19 de agosto de 1984, contra Morelia, en la primera jornada de la temporada 1984-85. Con Monterrey estuvo nueve años. En 1990 llegó la convocatoria de Manuel Lapuente y debutó con la Selección Nacional ante Colombia, en Los Ángeles.
Después vino Chivas, en 1993, y con Guadalajara logró algo enorme, la convocatoria al Mundial de Estados Unidos 94. Y aquí Nayarit sacó pecho, porque aquella Selección Mexicana llevaba a tres nacidos en Tepic: Marcelino Bernal, Ramón Ramírez y Missael Espinoza. Tres nayaritas en una misma Copa del Mundo.
México avanzó hasta los octavos de final y cayó en penales ante Bulgaria. Y ya se la saben.. el drama mundialista, ese que nos hace sufrir, aunque no queramos.

Ya para 1997, jugando en Guadalajara junto a otro nayarita, Ramón Ramírez, ganó el torneo Verano 1997. ¡El chamaco que jugaba en la Zapata ahora era campeón de lo que hoy conocemos como la Liga MX!
Finalmente vinieron León y Necaxa, pero su historia ya estaba escrita: de Tepic al futbol mundial, con hambre, humildad y ese colmillo fino que solo dan la calle, la cancha y los sueños bien amarrados a los botines.
Fuente: Nayaritas de Primera, 65 figuras del futbol de ayer y hoy. Francisco Flores Soria. (1999)







