La pregunta la sabemos todos, la escuchamos, la decimos, la gritamos, la vemos en muchos lados, ¿Y si sí?, lo que no conocemos aún es la respuesta, y eso quizá genere la magia que la mantiene viva. Nacida como por accidente, se la asignan al exdirector técnico de los Pumas cuando pocos como él creían que el equipo llegaría a donde llegó en el torneo pasado. Pero ahora el grito se volvió de todo un país.
México se ha vuelto el epicentro de las emociones mundialistas, en el estadio Azteca, que por razones comerciales le hacen cambiar de nombre pero no de esencia, se modernizó sin olvidar su debut en 1970 y su graduación en 1986, para este 2026 es un posgrado lo que ha tenido que aprender a marchar forzadas.
El cántico de guerra resulta curioso al ser una pregunta, ya incluso el mítico pequeño Larousse ilustrado ha salido a dar una definición: “¿Y si sí? Pregunta de tres palabras, sinónimo de esperanza”. Quizá le faltó agregar que es heredera del “Sí se puede” que naciera con unos niños héroes más recientes, también vistiendo la casaca de México, en la Serie Mundial de Pequeñas Ligas que se celebra en Williamsport, Pensilvania, Estados Unidos, aquel 23 de agosto de 1997 cuando el equipo regiomontano iba abajo en el marcador y de manera espontánea surgió el cántico que les ayudara a dar la vuelta a la pizarra y que llegara luego a volverse un grito en cada justa deportiva.
También es la interrogante del amor “¿Y si me dice que no?”, le pregunta el enamorado a un amigo, y el otro lo impulsa con el ¿Y si sí?, y allí empieza el camino a lo que hoy los jóvenes llaman “casi algo”. Es una duda justa que se acerca al atrevimiento, quizá una ramificación del “el que no arriesga no gana”, tan dados que somos en México a los dichos y a las frases pegajosas.
Seguramente vivirá por mucho tiempo, también dependerá de hasta dónde avance la selección en el Mundial, donde se ha hecho valer demasiado la localía. Por eso tampoco nos debe extrañar que se retome para temas de crítica, política y demás: ¿Y si sí los buscamos?, ¿Y si sí los encontramos?, ¿Y si sí los detenemos?, sobre los desaparecidos, o sobre los políticos corruptos.
Ese segmento es el que menos ha tenido cabida, el de los políticos, porque la justa deportiva no acepta los otros datos, allí hay goles y se gana o se pierde, no hay mediciones de popularidad que valgan a la hora de pasar a la siguiente fase. Un pato de nombre Merlín ganaría las encuestas de conocimiento y popularidad a varios de los aspirantes. Otra característica de lo orgánico que ha traído consigo este Mundial. México aceptó más a Merlín que a la mascota oficial, se canta la de Juanga o el “Cielito lindo” muy por encima que la canción de Shakira, y de la canción de Julieta Venegas que se dio a conocer en la mañanera nadie habla.
Requiere el ¿Y si sí? una tesis de investigación de largo aliento, no sólo en la rama del marketing, sino algo más interdisciplinario, pues es sociológico, político, deportivo, filosófico, estético, en fin, da para mucho, da para todo, y sin embargo, cuando me pregunta mi hijo Mateo de casi 7 años, papá ¿Y si sí?, sólo se me ocurre responder: “pues ya chingamos”.







