Confieso que me agradan las protestas pacíficas cuando se ejecutan de forma creativa y, además, cuando es por una buena causa, como lo es desde mi óptica la que han llevado a cabo algunos equipos de la Liga de Expansión de futbol en México, lo que antes era la segunda división, quienes piden que regrese el ascenso y descenso, y tienen razón: hay equipos y afición emblemáticos que merecen estar en Primera, y equipos de Primera a los que no les vendría mal la sana competencia por su permanencia en el máximo circuito.
Como es sabido, en Europa hay ligas donde no es uno, sino dos o tres los equipos que bajan y la misma cantidad la que sube, y eso cambia totalmente la dinámica social, no solo deportiva, de una ciudad; una plaza de Primera División debe verse mucho más allá de lo comercial que representa, pues es el deporte más popular del mundo, aunque no necesariamente el de las reglas más justas, al menos en nuestra primera nacional.
Y para dimensionar lo que está en juego basta un dato: en México no hay ascenso ni descenso deportivo desde abril de 2020, cuando la Liga MX y la entonces Liga de Ascenso suspendieron el sistema con el argumento de proteger la salud financiera de los clubes tras la pandemia. El último equipo en subir por mérito deportivo fue el Atlético de San Luis, que en el Clausura 2019 se coronó bicampeón del Ascenso MX venciendo a los Dorados de Sinaloa que entonces dirigía Diego Armando Maradona; el último en descender fueron los Jaguares de Chiapas en 2017, descenso que abrió la puerta al ascenso de Lobos BUAP. Desde entonces hay un candado en la Primera División donde mismos son los dueños del balón.
Y la protesta, lejos de quedarse en el discurso, llegó a la cancha: en el arranque del Apertura 2026, jugadores de Mineros de Zacatecas, Correcaminos de Tamaulipas, Coyotes de Tlaxcala, Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, Atlético Morelia y Atlético La Paz, se negaron a disputar el balón durante el primer minuto de sus partidos, y en jornadas posteriores otros equipos se sumaron con gestos igual de elocuentes, tapándose la boca o hincándose antes del silbatazo, para denunciar que la Federación Mexicana de Futbol los está silenciando después de que el artículo 35 del reglamento sepultó, ahora sí de manera definitiva, cualquier posibilidad de regreso al ascenso y descenso. La Comisión Disciplinaria respondió con apercibimientos y amenazas de multas y hasta consecuencias legales.
Venimos del mundial de futbol donde vimos casos emblemáticos como el de Cabo Verde o el de Tim Payne quien ya se estrenó en una liga sudamericana, sin dejar de lado a los ídolos que venden camisetas en todo el orbe, ese fenómeno se vive a su nivel en las canchas de México.
Pero más allá del reglamento y de las sanciones, lo que está en juego es algo que no cabe en un texto y ni siquiera en la cancha: la ilusión de una ciudad entera viéndose reflejada un domingo en once jugadores, el orgullo de decir “somos de Primera” en la sobremesa, el niño que sueña con ponerse la camiseta de su equipo porque ese equipo existe y compite entre los grandes. Eso, ninguna cláusula lo puede cancelar.
@rvargaspasaye
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