La afluencia de paseantes durante el periodo vacacional de verano registró una diversificación en los flujos de hospedaje hacia el interior del estado. Mientras la franja costera del sur promedió niveles de ocupación hotelera entre el 86 y el 88 por ciento, diversas localidades y pueblos mágicos captaron una concurrencia superior a la observada en ciclos anteriores.
Este comportamiento comercial reflejó una moderación respecto a los picos del 92 por ciento alcanzados durante la primavera en los litorales. La reactivación económica fuera de las playas estuvo impulsada por la celebración de festividades patronales, encuentros deportivos y actividades culturales que incentivaron el traslado de familias hacia municipios de vocación serrana y colonial.
La inclusión de 28 rutas catalogadas a nivel federal otorgó una proyección relevante a los destinos tradicionales ante el turismo extranjero, puntualizó Aarón Jiménez, subsecretario de Turismo en la entidad. Esta articulación de circuitos permitió canalizar grupos de excursionistas hacia zonas con menor tradición de captación estival.
El arribo de paseantes dinamizó el consumo en pequeños comercios, prestadores de servicios gastronómicos y establecimientos de alojamiento comunitario en las cabeceras municipales. La dispersión del gasto familiar fortaleció las economías regionales frente a la concentración habitual que experimentan los centros de playa durante los asuetos escolares.
Autoridades y prestadores de servicios orientan sus preparativos operativos hacia el periodo invernal, temporada que históricamente concentra el mayor volumen de recepción de viajeros y divisas en la entidad.







