Por primera vez la ceremonia del Grito de Independencia encabezada por la alcaldesa de La Yesca llegó hasta Guadalupe Ocotán, comunidad wixárika donde la noche del 15 de septiembre tuvo un significado particular: la celebración nacional se encontró con la identidad de uno de los pueblos originarios de la sierra. Niñas y niños cantaron el Himno Nacional a todo pulmón y las voces respondieron desde la plaza: “¡Viva México!, ¡Viva Nayarit!, ¡Viva Guadalupe Ocotán!”. Guadalupe Ocotán mantiene un gobierno tradicional wixárika reconocido.
Rosy Reyes llegó portando traje de charra de gala y acompañada de su hija Julia, quien vistió traje de escaramuza. Pero la imagen de la noche estuvo también abajo del templete: familias acercándose para saludarlas, mujeres pidiendo una fotografía, niñas y niños rodeándolas y habitantes que aprovecharon para conversar directamente con la Presidenta y plantearle algunas necesidades. Madre e hija permanecieron entre la gente después de la ceremonia. En una fecha que recuerda la construcción de México como nación independiente, la escena adquirió un simbolismo especial en Guadalupe Ocotán, una comunidad que conserva su identidad, organización y tradiciones wixaritari.
Ésta no es una comunidad más dentro del mapa de La Yesca. Ahí se encuentra el único gobierno tradicional wixárika reconocido en el municipio, al que se reconocen derechos de libre determinación, autonomía y autogobierno. Y eso le dio a la ceremonia un significado particular: en una comunidad que ha conservado identidad, lengua, tradiciones y formas propias de organización, esa noche también se celebró la identidad mexicana.
Se observó algo que difícilmente puede transmitir una fotografía. Rosy Reyes había acudido antes a Guadalupe Ocotán para arranques de obra, reuniones y atención de gestiones; esta vez fue diferente. Y quizá ahí estuvo el verdadero significado de la decisión. La Independencia de México es inseparable de una historia de desigualdades, de reivindicación política y de construcción de una nación propia. Para muchos de los niños que estuvieron esa noche debajo del domo porque la lluvia no dio tregua, probablemente será difícil olvidar el día en que la ceremonia del Grito llegó hasta su propia comunidad.
La noche continuó kilómetros adelante. La Presidenta Rosy Reyes se trasladó después a Puente de Camotlán, su comunidad de origen, para encabezar un segundo Grito. Ahí la escena fue distinta y más familiar: en el kiosco de la plaza central la acompañaron sus padres, Doroteo Reyes y Rosa Elena “Cheny” Jiménez. Dos momentos diferentes de una misma noche: primero, el encuentro con una comunidad originaria de la sierra; después, el regreso al lugar donde están sus propias raíces.
Mientras tanto, en la cabecera municipal de La Yesca, la ceremonia cívica fue encabezada por la secretaria del Ayuntamiento, Armida Bonilla, acompañada de autoridades municipales, manteniendo también la celebración en la sede tradicional. Así, el 15 de septiembre no quedó concentrado en un solo punto del territorio: se vivió desde distintas comunidades de un municipio extenso y diverso. Y quizá esa sea una de las imágenes que dejó esta noche: en Guadalupe Ocotán, durante unas horas, la ceremonia nacional no llegó para sustituir una identidad; llegó para encontrarse con ella.







