La figura de Lamberto Luna puede asociarse, como atinadamente documenta y afirma Carlos Gómez, con la disidencia movida por el interés de “transformar las instituciones sociales del Estado Mexicano y eliminar el carácter antidemocrático y autoritario del régimen revolucionario”. Esta cita fue tomada de la página 85 de la citada obra (“Lamberto Luna Plata. Semblanza de una lucha social en Nayarit”).
En las páginas 89 y 90, se retoma el asunto. Se habla de la necesidad de democratizar los procesos de selección de candidatos. En ese momento, uno puede remitirse a los tiempos idos y los tiempos que vivimos: tiempos nuevos con mañas viejas. Parece que fue ayer.
Cabe mencionar figuras de los tiempos referidos al escenario político en el que se registra el henriquismo: Emilio González, Esteban Baca Calderón, Evaristo Jiménez Valdez, José Angulo Araico, Crispín Durán Zamorano, Bernardo M. de León y el mismo Lamberto Luna. Esas personalidades son las que aparecen una y otra vez en la historia de Nayarit; se elevan en el horizonte y luego se pierden en el anonimato.
En la política de Nayarit, no solamente de esos tiempos, aplica la concepción shakespeariana de la vida. Parafraseando al genio, podríamos decir que “El político sólo es una sombra que camina, un pobre actor / que se contonea y consume su turno en el escenario, / y luego no se le oye más. Es un cuento / contado por un idiota, lleno de sonido y furia, / que no significa nada”.
Retomo el hilo de esta apología al trabajo de Carlos. Menciono aquí el nombre de Emilio González, debido a que cuando se habla de fraudes electorales no se tiene en cuenta el que sufrió el ex gobernador de Nayarit, en 1961. El 28 de agosto de ese año, fue presentado ante los miembros de la Primera Sección de la Primera Comisión Revisora de Credenciales del Colegio Electoral, un grotesco y fraudulento dictamen que se expresaba en los siguientes términos: “En vista de que la Comisión Federal Electoral negó el registro de la constancia de mayoría de votos expedida por el Comité Distrital Electoral del 1er. distrito de Nayarit, al candidato del PRI, esta Comisión que suscribe procedió a hacer el estudio minucioso del expediente respectivo, y llegó a la conclusión de que, en efecto, existieron irregularidades manifiestas en el proceso electoral, tanto en la instalación de casillas como en las actas de escrutinio y en el cómputo final, y quedando, por lo tanto, invalidados los votos computados finalmente para el candidato del PRI, se debe adjudicar el triunfo legítimo al candidato del PPS”. Puede parecer irrisoria la conclusión, pero eso ocurrió y así se concretó un fraude electoral, ¡contra el PRI de Emilio y en favor de los “socialistas”! El candidato del PPS era Manuel Stephens. Menciono el caso dado que cuando se suelen hacer afirmaciones en esta dimensión, no se documentan: solamente se demuestran las verdades, “afirmándolas”. Aquí, un documento prueba un fraude contra un personaje de la historia del estado que resulta emblemático de la forma de hacer política sin morir en el intento.
Igual ocurre con la figura de Lamberto Luna, quien de esta manera, puede definirse como la de un protagonista de sus tiempos que logró vivir para contar lo que le ocurrió. Eso no pudieron decirlo ni Manuel Martínez Valadez, ni Luis Méndez, legisladores federales que fueron asesinados a balazos en el recinto de la Cámara Federal de Diputados el 11 de diciembre de 1935. Menciono esos cruentos casos tan solo para ilustrar el grado de dificultad para hacer política que imperaba en esos tiempos.
En su contexto, Lamberto Luna Plata puede ser figura emblemática de lo que es la praxis política y la experiencia del ejercicio de poder. No hizo política para enriquecerse, ni asumió el poder para enriquecerse: hizo política por convicciones, para servir.
El enriquecimiento de las personas a partir del ejercicio de poder público, nos puede recordar las palabras de Adolfo Bioy Casares. Vale la pena parafrasear sus palabras con un acomodo ad hoc: “La política, que está hecha de sacrificios, de postergaciones, de elegir lo mejor aunque sea perjudicial para uno mismo, requiere inteligencia”.
La ausencia de vocación política y la excesiva tentación de poder llevan a la anti-política y al escenario caquistocrático. Esas señales ominosas siempre se han manifestado, aunque también su antípoda representada aquí por personajes como Lamberto Luna Plata. Él hizo política, no aspiró a sentarse en una montaña de dinero mal habido.
La política es inteligencia, dicho al modo de Bioy Casares, es bondad, “que está hecha de sacrificios, de postergaciones, de elegir lo mejor aunque sea perjudicial para uno mismo”. Esas postergaciones ya casi no existen. El beneficio personal se impone y los valores se convierten en peculado y en enriquecimiento claramente explicable. Eso lo supo, lo vivió y lo combatió Lamberto Luna.
En esta obra, Carlos Gómez nos muestra una época en la que la política también era concebida al modo de los griegos. Esto es, la política concebida como una forma de servir a los demás y no como una forma de servirse de los demás. Por tal motivo, con el contenido de esta obra, uno puede conocer a un nayarita como Lamberto Luna, que hizo política en un contexto bárbaro y brutal. Nuestro personaje hizo política en un clima en extremo antipolítico, en un ambiente también cavernícola.
Celebrar, aplaudir y elogiar el trabajo de Carlos Gómez Luna resulta absolutamente necesario. Celebrar porque es un producto de excelencia. Aplaudir porque nos muestra un escenario en el que la política era arte y ciencia incipiente. Elogiar, porque no es sencillo atreverse a publicar un documento de esa naturaleza, sin despertar la razón por la que Caín mató a Abel. Frente a una obra de esta magnitud, sobran los críticos y brillan por su ausencia los mecenas.
En Nayarit hay mucho que hacer en materia de rescate histórico. No es una tarea sencilla, pues la tarea exige esfuerzo y talento por parte del autor. También, exige la apertura institucional a los archivos y el apoyo a una tarea que exige enormes sacrificios personales.
Personalmente aplaudo el trabajo realizado por Carlos Gómez Luna. Aplaudo, de igual forma, el esfuerzo del Poder Judicial del Estado de Nayarit, para colocar su sello en esta obra.
Crear libros no es una inversión con fines de lucro, pero es fundamental para el desarrollo material e inmaterial del estado. Este es un tributo al arte y la cultura en Nayarit y de Nayarit. La verdad es que el arte y la cultura se pagan solas. (Segunda y última parte).







