Las razones de mi estancia en Islas Marías prefiero, por ahora, olvidarlas. Por entonces leí sobre la colonia penal todo lo que caía en mis manos. No recuerdo dónde me hice de Islas Marías, la novela enana del gigante Martín Luis Guzmán, aquel de La Sombra del Caudillo. Era edición barata de Compañía General de Ediciones, de 1970. De pastas azules, portada poco agraciada, fabricado con papel apetecido por las termitas, no alimentó a las de mis espacios, porque un amante de lo ajeno lo expropió de mi casa o de un trabajo en la burocracia, adonde llevaba libros para prestarlos o recomendarlos. No es novela que volvería a leer, pero ha venido a mi mente, como vienen ciertas mujeres inocuas que de vez en cuando aparecen en la pantalla de la memoria.







