Con base en los resultados de la Encuesta Nacional de Gasto de 2025 presentados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el gasto total promedio trimestral por hogar en el país ascendió a 89,752 pesos. De esta cantidad, el 82.9% se canalizó al gasto corriente, equivalente a 74,404 pesos, mientras que el 17.1% restante se dirigió a erogaciones financieras y de capital. Dentro del gasto corriente, el componente monetario sumó 57,930 pesos, que es el indicador de referencia para las comparaciones interestatales, y el gasto no monetario aportó 16,474 pesos bajo conceptos de autoconsumo y pagos en especie.
Nayarit se ubicó en el vigésimo lugar de la escala nacional con un gasto corriente monetario promedio trimestral de 51,937.8 pesos por unidad familiar, una cifra que se posiciona 10.3% por debajo de la media del país. El estado se encuentra en una situación intermedia, superando a entidades como Durango, que reportó 50,169 pesos; Tlaxcala, con 49,698 pesos, y Guanajuato, con 49,582 pesos. Sin embargo, los hogares del territorio estatal registran erogaciones menores en comparación con Puebla, donde se gasta 53,648 pesos; Zacatecas, con 53,791 pesos, y San Luis Potosí, con 54,469 pesos.
El desglose de los rubros a nivel general evidencia que la alimentación, las bebidas y el tabaco absorben el 34.9% del presupuesto monetario de las familias en el país, con un promedio de 20,238 pesos trimestrales. El transporte y las comunicaciones representan la segunda mayor erogación con 11,588 pesos, lo que equivale al 20.0% del total. Estos dos conceptos concentran de manera conjunta el 54.9% de los recursos disponibles, seguidos por educación y esparcimiento con 4,902 pesos, cuidados personales con 4,664 pesos, vivienda y servicios con 4,573 pesos, enseres domésticos con 3,971 pesos, vestido con 2,774 pesos, salud con 2,702 pesos y transferencias diversas con 2,517 pesos.
Esta distribución del ingreso se modifica sustancialmente al analizar la brecha entre los entornos urbanos y rurales. En las ciudades, el gasto corriente monetario alcanza los 62,985 pesos, cifra que supera en un 55.7% a los 40,465 pesos que se registran en el campo. Los hogares rurales deben destinar el 40.3% de su presupuesto a la adquisición de alimentos, mientras que las familias urbanas reducen esa proporción al 33.9%, aunque erogan 2.4 veces más en educación y esparcimiento, un fenómeno alineado con la Ley de Engel que asocia la pobreza con un mayor gasto relativo en subsistencia básica.
Destacan las carnes como el principal componente de la de la dieta familiar en el consumo interno, absorbiendo 3,652 pesos trimestrales de los 15,945 pesos destinados a la alimentación dentro del hogar. El gasto en este rubro de origen animal experimentó un incremento del 9.2% a lo largo del año de referencia. Los cereales representaron una erogación de 2,509 pesos, las verduras sumaron 1,499 pesos y las bebidas alcohólicas y no alcohólicas requirieron 1,404 pesos, mientras que el huevo y los pescados se ubicaron en los niveles más bajos de consumo monetario con 624 y 364 pesos, respectivamente.
En el ámbito de los servicios domésticos, la energía eléctrica constituye la principal erogación trimestral con 843 pesos y cuenta con una cobertura del 90.0% de las viviendas, seguida por el suministro de agua potable con 472 pesos. Los servicios de conectividad como el plan de telefonía celular registran un gasto promedio de 410 pesos, los paquetes de triple servicio de telecomunicaciones alcanzan los 346 pesos y el internet independiente se ubica en 334 pesos. La estacionalidad climática ejerce una influencia notable en estos flujos, provocando un aumento del 14.5% en la facturación eléctrica durante el tercer trimestre debido al uso de sistemas de enfriamiento.
Los esquemas de transporte público reflejan una fuerte dependencia de sistemas locales de movilidad masiva de escala media, pues el gasto en combis y microbuses promedia 692 pesos trimestrales frente a sólo 44 pesos destinados al metro. Los servicios de transporte gestionados mediante plataformas digitales como Uber o Didi reportaron un crecimiento del 49.8% en el último trimestre de la medición general, impulsados principalmente por el comportamiento de los usuarios en áreas urbanas. Por su parte, los gastos educativos exhibieron un alza estacional del 79.6% durante el periodo correspondiente al regreso a clases, duplicando prácticamente los montos observados en la primera mitad del ciclo anual.
Especialmente, los cuidados personales absorben un promedio de 4,664 pesos, donde la compra directa de artículos higiénicos y de belleza duplica el gasto realizado en servicios profesionales de estética. En materia de salud, las familias del país destinan 2,702 pesos trimestrales, repartidos de forma casi equitativa entre consultas médicas y la adquisición de fármacos directos. Los esquemas de aseguramiento privado mostraron fluctuaciones severas asociadas a los periodos de renovación anual de pólizas, registrando una caída inicial del 40.9% y una posterior recuperación del 38.7% en el tercer trimestre.
Influyen de manera determinante las características demográficas de cada hogar en su comportamiento financiero y de consumo. Los núcleos familiares que no cuentan con adultos mayores ejercen un gasto promedio de 60,228 pesos, cantidad que disminuye un 42.3% en aquellos hogares conformados únicamente por personas de 65 años o más. Adicionalmente, se identifica una brecha de género en las unidades unipersonales, donde los hombres erogan un 29.4% más que las mujeres, canalizando mayores recursos a transferencias y transporte, mientras que las mujeres priorizan la inversión en salud y el mantenimiento habitacional.
Para el financiamiento y la planeación patrimonial, las familias destinan 12,320 pesos trimestrales a erogaciones de capital, donde el ahorro formal e informal lidera las preferencias con 4,981 pesos. El pago de tarjetas de crédito ocupa el segundo término con 3,224 pesos, mostrando una alta sensibilidad ante las temporadas de vacaciones y el retorno escolar, periodos donde la liquidación de pasivos bancarios osciló de forma notable debido a la contratación de deuda de corto plazo.
El análisis detallado de la distribución de los recursos permite identificar áreas de oportunidad para optimizar la eficiencia del gasto familiar y fomentar un retorno social más equitativo. Al comprender que más de la mitad del presupuesto familiar se consume en necesidades básicas, se hace evidente la utilidad de políticas públicas orientadas a mitigar las asimetrías de precios en alimentos y transporte. La consolidación de programas de abasto y la mejora en la infraestructura de movilidad alivian la presión sobre el ingreso de los sectores más vulnerables, al tiempo que liberan capital que las familias pueden reorientar hacia la educación, el ahorro y el desarrollo humano de largo plazo.



