¡Cuán admirable es la sabiduría
del corazón divino
que ha conocido anticipadamente
a cada criatura!
Hildegarda Von Bingen
¿Sabe usted que hace casi mil años una monja inventó la cerveza moderna? Se llamaba Hildegarda Von Bingen y claro, era alemana. Nació en el año 1098 en Bingen, a las orillas de Río Ring, siendo la hija número diez en su familia. Hildegarda fue entregada a un monasterio de clausura cuando tenía ocho años de edad. En esa época no había conventos de mujeres, pero en celdas anexas a los monasterios de hombres se dejaba a las niñas a cargo de una monja que las tutelaba. En el caso de Hildegarda, quien la tuteló se llamaba Jutta, mujer de la nobleza que tenía fama de ser muy culta.
A la muerte de su maestra, en 1136 hereda el conjunto de celdas en que estaban las mujeres. Para entonces ya había acumulado diversos conocimientos para convertirse, ella misma, en abadesa. En esa época las mujeres no podían escribir públicamente, por lo que a los 43 años tiene que recurrir a un artilugio para poder publicar. Dice que es el mandato divino el que le dicta las palabras que debe dar a conocer. Afirma que el mandato divino le obliga: “di y escribe lo que ves y oyes”. Antes de oír las voces se enferma, pierde el conocimiento, deja de comer, tiene dolores en todo el cuerpo.
En ocasiones, las monjas sabían escribir, pero no eran, propiamente “escritoras”, ya que no se les permitía escribir de manera pública. Ante la enfermedad prolongada de Hildegarda, el Abad del convento se preocupa por su salud y, sobre todo, porque piensa que puede ser cierto que es el espíritu santo quien le habla y en caso de que Hildegarda muera, tendría un grave problema. Lo que decide es designarle un monje que escribirá lo que le dicte el mandato divino. Volmar, el monje destinado para ello, escribe en latín lo que le dicta Hildegarda; una vez terminado el primer libro, lo envía al obispo de Mainz, en la hoy Alemania. El obispo, a su vez, lo manda al Papa y después de siete años llega el permiso de que se publiquen las visiones de Hildegarda. El propio Papa Eugenio III leyó públicamente la primera obra teológica Scivias (Conoce los caminos) y la insta a que siga escribiendo las visiones que le manda el espíritu santo.
Ante los poderosos se confiesa tímida, como corresponde a la época y, en general, como una actitud de las mujeres que saben que no pueden vanagloriarse de sus conocimientos.
Hildegarda utiliza el artilugio de que es el espíritu santo quien habla a través de ella porque no hubiera sido posible que, en esa época, se reconociera que se trataba de una mujer brillante. En cambio, sí podían aceptar que Dios la utilizaba para mandar mensajes.
También el espíritu santo le dice que debe fundar otro convento y el Papa le da la anuencia; así es como se funda el primer convento benedictino solo para mujeres que no estaba adosado a un monasterio masculino. Funda el convento de Ruperstberg en 1150 y después, la Abadía de Eibingen en 1165. Recordemos que, para ese tiempo, ya tenía muchas internas provenientes de familias poderosas. Además, era reconocida por las curaciones a partir de plantas, lo que provocaba migraciones para ir a verla.
Hildegarda cultivó un huerto y un bestiario. Su idea principal es que hay un equilibrio universal. En sus libros habla de las vías que nos llevan a Dios y de la tensión entre el bien y el mal.
Es la primera que tiene una propuesta para cuidar el cuerpo cuando para el catolicismo el cuerpo es el dominio del pecado. Ella se opone a las penitencias abusivas, diciendo que se deben evitar los ayunos prolongados porque son los que provocan enfermedades. También se opone a las penitencias con flagelos.
No se crea que se queda callada ante las injusticias, por el contrario, denuncia la corrupción del propio obispo del cual depende, ya que dice que “no se puede vivir lujosamente, mientras la gente vive empobrecida”.
De Hildegarda se conocen cuatro libros teológicos, 150 composiciones musicales con letra y música, una obra de teatro musical “El orden de las virtudes”, recetas de cocina; en especial, son famosas las galletas con harina de espelta para la melancolía. Si usted va a Alemania las encontrará como galletas de la alegría. Escribió dos hagiografías de santos y nueve libros sobre plantas y curaciones.
Creemos que el liderazgo de mujeres es actual, pero se conservan cartas de abadesas, -muchas de ellas habían sido sus alumnas, – en las cuales le preguntan sobre si deben dejar de ser abadesas porque es mucha la responsabilidad ya que prácticamente se trata de cargos con muchos problemas, sin que ellas reciban nada a cambio, salvo el reconocimiento de que son autoridad. Hildegarda las alienta a permanecer en el cargo porque sostiene que deben transmitir la energía de las mujeres. Hoy lo podríamos pensar como una actitud donde las mujeres demuestran la posibilidad de estar al frente de instituciones.
También podemos pensar que ella se protege, porque está construyendo una red de monasterios, lidereados por mujeres, un poder femenino concertado. Además, le están reconociendo autoridad, porque le preguntan a ella y no al obispo.
De acuerdo a lo que se pensaba en esa época, piensa el mundo como círculos concéntricos: un círculo exterior que los comprende a todos y donde está el dominio de dios; un círculo intermedio donde están las plantas, los animales, los vegetales y los minerales y un círculo interior que es donde está el ser humano. Para ella, todo está en equilibrio.
El obispo de Mainz, al cual acusó de corrupto le impone el castigo de que en sus conventos no se cante ni se toquen las campanas. Hildegarda le escribe al Papa para decirle que, si acepta eso, él peca porque la música es la sinfonía divina, consecuencia de ello es que el Papa le levanta el castigo.
En el siglo XX las feministas descubren a Hildegarda por lo que se ha convertido en parte de la genealogía de las mujeres. Apenas en 2012 el Papa la reconoce como Doctora de la Iglesia. Recordemos que existen 36 Doctores de la Iglesia y tan solo, 4 mujeres reconocidas; tres, a fines del siglo XX, entre ellas Teresa de Ávila, en 1970 y Hildegarda en el XXI.
Por eso decimos que visibilizar a las mujeres en la historia no solo es un asunto de suplir las ausencias, sino que es un asunto de relaciones de poder. Ellas fueron parte de la creación de la idea de humanidad que tenemos ahora. Vivió y pensó dentro de los límites de los conventos, porque ese fue el lugar que tuvo para entender la vida de una manera diferente a como se le había diseñado: mujeres encerradas a vida de clausura y que solo salían para ser enterradas.
Así que cada vez que usted tome una cerveza, recuerde que el sabor amargo y el control de la fermentación se lo debemos a esta monja, a la cual le habían marcado un destino, pero ella, a través de su inteligencia, de su voluntad, de sus decisiones, caminó por otros lugares; construyó conocimiento, música, pintura y poesía que hoy siguen siendo admirados.
Referencias
Ana Muncharaz. Santa Hildegarda de Bingen. Madrid, Palabra, 2013.
Socorro Sáncez. Conferencia sobre Hildegarda von Bingen. Ateneo Jovellanos. Gijon, España, 2024.



