En mis dos colaboraciones previas ―también dedicadas al Informe PISA 2025― intenté ―en la primera de ellas― ofrecer un panorama global de sus resultados [en los que se destacaba el hecho de que en la prueba más reciente se registraron los resultados más bajos de la serie, así como que fueron países asiáticos los que obtuvieron los puntajes más altos y, en la segunda, un comparativo de los resultados obtenidos por los estudiantes de nuestro país con Latinoamérica y con el área del T-MEC, en el que se mostró que a nivel latinoamericano los resultados son bastante buenos y que a nivel del T-MEC están bastante por debajo de los obtenidos por estudiantes de los Estados Unidos y, más aún, de los canadienses.
En esta tercera colaboración, pretendo exponer y analizar los resultados obtenidos por los estudiantes mexicanos en el examen PISA 2025 y compararlo con los resultados anteriores, no sin antes explorar las reacciones oficiales y críticas ante los resultados…
Las reacciones críticas irrumpieron en las redes sociales el mismo día de la publicación del Informe y, el siguiente día en la prensa escrita, juntamente ya con las reacciones oficiales, pro-oficiales y oficiosas…
Aquellas destacaban el retroceso en los puntajes, el lugar ―el segundo más bajo― que ocuparon los resultados de nuestro país entre los miembros de la OCDE y, en algunos casos, llegaron a emitir juicios que responsabilizaban a la reforma educativa más reciente con su cambio de modelo y de materiales para el aprendizaje, mientras que estas, relativizaban el valor de la prueba por no adaptarse a las especificidades de nuestro país, o bien, por tratarse de instrumentos neoliberales de dominación; destacaban aspectos contextuales presentados en el Informe como la valoración positiva de la escuela, el esfuerzo ―superior al promedio de la OCDE― que realizan los estudiantes mexicanos, el apoyo a compañeros que lo solicitan o el apoyo que reciben de sus maestros cuando lo necesitan e, incluso, la ligera mejoría en los resultados obtenidos, atribuyéndolos en algunos casos, al modelo de la Nueva Escuela Mexicana.
Aceptando que se trata de una prueba incapaz de evaluar especificidades de nuestro país [o de algún otro], parece preciso decir que las capacidades que pretende medir [en Matemáticas, la capacidad de aplicar conocimientos matemáticos para resolver problemas reales; en lectura, la capacidad de construir, interpretar y reflexionar sobre el significado de distintos tipos de textos; en Ciencias ―en donde se concentró el examen PISA 2025― la capacidad para explicar fenómenos científicamente, para construir y evaluar diseños para la indagación científica e interpretar datos y pruebas científicas de manera crítica, así como busca, evaluar y utilizar información científica para la toma de decisiones y la actuación] parecen trascender diferencias y posibilitar una evaluación con una importante dosis de comparabilidad global y la aportación que pueden ofrecer para mejorar los procesos educativos en esos tres ámbitos.
Dicho la anterior, es momento de dar paso a los resultados obtenidos por quienes hicieron la prueba: 7,843 estudiantes, de 297 escuelas y que representan 1.58 millones de jóvenes estudiantes equivalente al 69% de la población de 15 años: 388 puntos en Matemáticas, 408, en Lectura y 414, en Ciencias y un promedio general de 403 puntos.
Los 388 puntos obtenidos por los estudiantes mexicanos en Matemáticas están muy lejanos de los 612 obtenidos por sus similares chinos, del promedio de la OCDE [463] y por arriba del promedio latinoamericano [370]. En relación con los resultados previos del estudiantado de nuestro país, estos 388 puntos son inferiores a los obtenidos en las pruebas anteriores: 406, en 2006, 419, en 2009, 413, en 2012, 408, en 2015, 409, en 2018, 395, en 2022.
Los 408 obtenidos en Lectura, lejanos están también de los obtenidos por los estudiantes de Singapur [535], del promedio de la OCDE [461], pero por encima del promedio latinoamericano [389]. En comparación con los resultados obtenidos en los exámenes previos, el puntaje obtenido en 2025 es el más bajo obtenido ya que en 2006 se alcanzó un puntaje de 410, 425, en 2008, 424, en 2015, 423, en 2018, 420 y en 2022, 415.
El puntaje alcanzado en el ámbito de las Ciencias ―414― fue el más alto obtenido en esta ocasión, aunque está ligeramente por debajo del puntaje obtenido en 2009 [419], en 2012 [415], en 2015 [416] y en 2018 [419] y ―ligeramente también― por encima de los puntos alcanzados en [2022 [410]. En relación con el promedio de la OCDE ―482― el puntaje es bastante bajo. En relación con los países que obtuvieron los puntajes más altos esta ocasión, la distancia con los estudiantes de China [597], Singapur [560] o Japón [538], es enorme, mientras que, a nivel latinoamericano está por encima del promedio [399] y por debajo de Uruguay [445] y Chile [442] que alcanzaron los puntajes más altos en la región.
En el cuarto rubro evaluado por PISA 2025 ―Habilidades digitales― nuestro país obtuvo 453 puntos, por debajo de los 500 que promediaron los países de la OCDE, de los 572 de Macao, los 563 de Singapur y los 560 de China. Eso sí, muy por encima del promedio latinoamericano [418], aunque ligeramente por debajo de Chile [466] y Uruguay [462].
Otra perspectiva de la evaluación tiene que ver con los niveles de competencia, en donde el nivel 2 se considera el umbral mínimo. Desde ese punto de vista, solo el 30% de los estudiantes mexicanos que “se sometieron” a la prueba PISA 2025 alcanzaron ese nivel en Matemáticas, mientras que en Lectura y Ciencias, ese porcentaje fue de 50%.
Es preocupante que las reacciones oficiales ―a diferencia de la reacciones de otros países― hayan dirigido la atención hacia la relativización del valor de la prueba y sus resultados y hacia aspectos contextuales ya mencionados y no reconozcan que el modelo educativo que se pretende implantar está subordinado a un proyecto político-ideológico [tan criticable como el que subordina el modelo a las exigencias del mercado] y que menosprecia aprendizajes claves en los ámbitos que evalúa la prueba PISA [Matemáticas, Lectura y Ciencias] que han mostrado su relevancia no solo en los casos de los países asiáticos, sino también en los de la Gran Bretaña y, negativamente, en modelos que en algún momento se propusieron con ejemplos a seguir, como el caso de Finlandia.
En ese sentido, la búsqueda de causas subyacentes a la disminución en los puntajes ―particularmente en el ámbito de la Lectura― y algunas de las sugerencias de organizaciones de la sociedad civil [recuperar aprendizajes fundamentales, fortalecer la capacitación docente, reducir las brechas de género, así como recuperar diagnósticos desagregados por entidad federativa] a los que se podrían agregar otros como la meta de disminuir la brecha por condición socioeconómica [68 puntos entre el 25% más favorecido y el 25% menos favorecido], parecen pertinentes, al igual que plausible el anuncio de la incorporación de libros de texto gratuitos adicionales de matemáticas, lectoescritura e historia [estos que espero no se limiten a introducir mujeres dentro de la Nueva Historia Oficial o Historia de México según la 4T que sigue separando épocas y personajes con etiquetas maniqueas].



