En aquel tiempo los libros también se vendían en los puestos de periódicos. Una colección de Premios Nobel, de pastas duras azules, puso a mi alcance un buen número de novelas que de otro modo no habría comprado. Adquirí ahí Al Este del Edén, de John Steinbeck. Sabía que James Dean había protagonizado una adaptación celebrada como obra maestra. No la vi, pero la novela, que recrea el drama de Caín y Abel en el Cal que disputa a su hermano el amor del padre, me metió en el mundo de los celos con una hondura que el psicoanálisis de las aulas universitarias nunca me dio. En otras ediciones compré ejemplares para regalar a mis mujeres de ocasión, que cambiaron de pareja por no acostumbrarse a la clase de regalos que yo hacía.



