En el verano de 1910, la lluvia hizo algo sorprendente: dejó las vías del tren en algunos tramos del Territorio de Tepic flotando en el aire. Los rieles, ahí. Los durmientes, ahí. Pero la tierra que los sostenía… se la llevó el agua.
La noticia salió en un telegrama fechado en Acaponeta el 28 de julio. ¡Peeero! Primero lo publicó El País, en la Ciudad de México, y hasta el 10 de agosto apareció en Tepic, en las páginas del periódico Lucifer.
Casi dos semanas para que la noticia diera la vuelta por la capital y regresara a casa. Así viajaban las noticias entonces: sin prisa, pero sin pausa.
Según las malas lenguas de las buenas gentes, en aquellos años se estaba construyendo una obra que prometía cambiarlo todo: el ferrocarril que algún día uniría Mazatlán con Guadalajara.
Algunos tramos ya funcionaban. Ya había tren entre Acaponeta y Yago. Era la modernidad llegando a vapor. Sin embargo, ese año el cielo tenía otros planes.
Llegaron las tormentas y, ¡vaya, señoras tormentas! Llovió sobre todo el territorio, y con más furia sobre el distrito de Acaponeta, como si alguien hubiera volteado una cubeta del tamaño de la sierra.
“…se han llevado los terraplenes del Ferrocarril Sur-Pacífico que unirá Mazatlán con Guadalajara, y quedaron solamente los rieles clavados en los durmientes”.
Se dice, se cuenta, se rumora que esos pobres durmientes esa noche no durmieron nada, de manera que el tráfico entre Acaponeta y Yago quedó suspendido.
Entre Acaponeta y Santiago Ixcuintla, la cosa estaba peor. Los deslaves fueron tan graves que había que construir otra vez grandes tramos de vía, desde cero.
“…grandes tramos de vía tendrán que ser construidos nuevamente, pues los deslaves han sido de tal manera graves que no es posible una reparación provisional”.
De acuerdo con Lucifer, en una villa de Acaponeta llamada Sayamota, el arroyo creció tanto que el agua se metió al pueblo, inundó la mayoría de las casas y la gente tuvo que salir… ¡nadando de sus propias habitaciones!
El comercio sufrió, los viajeros se quedaron varados y los negocios se retrasaron, pero aquella vía había que volver a levantarla. El Ferrocarril Sur-Pacífico volvió a pitar un 18 de octubre de 1910.
¡Entooonces! alguien tenía que avisarle al mero mero. Así que, el 21 de octubre, el general Mariano Ruiz, jefe Político y Militar del Territorio de Tepic mandó un telegrama nada menos que al presidente Porfirio Díaz para darle la noticia.
“Hónrome participar a Ud., señor, que con fecha 18 actual reanudóse servicio regular del Ferrocarril Sur-Pacífico entre Acaponeta y estación ‘Yago’, frente a Santiago Ixcuintla, colocándose nuevamente puente provisional sobre río; se concluyó túnel de este lado…”
Y así, con un telegrama de lo más ceremonioso, don Porfirio se enteró de que el tren volvía a correr entre Acaponeta y Yago. Casi tres meses de lodo resumidos en unas cuantas líneas muy elegantes.
Fuente: Periodico Lucifer 10 de agosto 1910/ Bibliotecas UDLAP, Archivo Porfirio Díaz 1910.











