Cincuenta pisadas petrificadas que datan de hace 65 millones de años salieron a la superficie en la ribera de un afluente ubicado en la localidad de San Juan de los Plátanos. La alerta inicial provino de los propios habitantes del municipio de Apatzingán, quienes notificaron a las autoridades sobre marcas de gran escala impresas en una plataforma de roca sedimentaria de 40 metros cuadrados, zona que promete arrojar más vestigios conforme avancen las exploraciones.
Los registros morfológicos indican la presencia de marcas con dimensiones que van desde los 12 hasta los 48 centímetros de longitud y anchuras de hasta 30 centímetros. De acuerdo con el investigador del Centro INAH en la entidad, Raymundo Cervantes Barriga, estas icnitas corresponden a especímenes herbívoros y carnívoros de talla mediana a grande, asociadas tentativamente a tres familias distintas: terópodos de hasta cuatro metros de alzada, criaturas ágiles emparentadas con los dromeosáuridos y ejemplares del grupo de los hadrosáuridos, reconocibles por su silueta de pico de pato con tres dedos redondeados.
Especialistas vinculan estos rastros con el periodo Cretácico tardío, una época en la que la orografía regional albergaba humedales permanentes donde la fauna concurría en busca de alimento y agua. La preservación de estas pisadas permite inferir la interacción ecológica ocurrida momentos antes de los procesos de sedimentación que las cubrieron por eras enteras.
Labores científicas de alta precisión se desplegaron en el sitio desde el 21 de octubre con la toma de muestras geológicas a cargo de Jasinto Robles Camacho. A la par, el equipo encabezado por los arqueólogos María Fernanda Cabrera y José Luis Punzo Díaz levanta modelos de fotogrametría digital, auxiliados por el levantamiento de moldes físicos que realiza el biólogo José Luis Ávila y la asesoría taxonómica del paleontólogo Carlos A. Hernández Luna.
“Un hallazgo de este tipo abre una ventana a un periodo que todos tenemos en el imaginario, pero que pocas veces se da la oportunidad de estudiarlo. Todavía no se determina cuántas especies se vayan a identificar con los protocolos de estudio paleontológico, pero, en las primeras observaciones, esta variedad de huellas puede ampliarnos el conocimiento sobre muchos aspectos de los dinosaurios en México, como la locomoción, la dirección de su marcha y, con ello, la convivencia entre especies, el comportamiento y la morfología”, subraya Punzo Díaz sobre la trascendencia de las evidencias.
Dicha zona arqueológica constituye el cuarto yacimiento con pisadas fósiles reportado en territorio michoacano, sumándose a los enclaves costeros y serranos de Playa Azul, El Aguaje y la franja limítrofe entre Tiquicheo y Tuzantla. Con esta incorporación, el inventario nacional asciende a poco más de una treintena de localidades con icnitas documentadas ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia, distribuidas primordialmente en entidades como Coahuila, Puebla, Oaxaca, Chihuahua, Sonora y Durango.
Proteger este patrimonio representa una oportunidad didáctica y cultural para los pobladores locales y la niñez de Tierra Caliente, concluyen los científicos involucrados, al convertir un afluente rural en un laboratorio natural que custodia los últimos pasos de la fauna prehistórica en suelo mexicano.







