Por José Andrés Rodríguez Domínguez
El pasado domingo 25 de octubre de 2026 marcó el brillante inicio del serial novilleril en la Plaza de Toros Monumental Don Antonio, un esfuerzo hecho realidad gracias al apoyo decidido de Don Antonio Echevarría Domínguez. Me anima a escribir estas líneas la memoria de Arturo Ruvalcaba y su «Comentando al tercio», que con señorío dio cátedra y creó escuela junto con el maestro José Luis Almanza, y de la que surgieron plumas como las de Alejandro Almanza, Carlos Alegre, José Luis Domínguez, Maricarmen Núñez y el mismo Guillermo Sifuentes hijo, con quien tuve el privilegio de compartir el palco y alimentarme de su experiencia.
La emoción comenzó desde las sombras del callejón y el sorteo, cuando los monosabios enfrentaron apuros en los chiqueros a la hora de entorilar. Sobresalió la actuación de Rubén Rivera, quien se la jugó como los grandes ante el astado de reserva, un ejemplar con raza que se resistía a entrar al cajón y al que logró meter con verdadero arte.
Tal como se había anunciado, a las dieciséis horas con treinta minutos el Mariachi El Quevedeño dio paso al paseíllo de los cuatro jóvenes novilleros, que con hambre de triunfo vinieron hasta el coso tepicense a disputarse un sitio de honor frente al encierro de la ganadería jalisciense de Santa Cruz.
Abrió plaza «Gitano», de 416 kilos. César Ruiz, originario de Aguascalientes, apretó los machos y lo recibió con valor sereno a porta gayola. En el tercio de rehiletes lució con dos pares de poder a poder de brillante factura y remató con un último par de banderillas cortas que encendió los tendidos. Tras brindar su faena a Martha Elena Echevarría, inició su trasteo muleteril con las rodillas en tierra y muletazos muy ajustados. El de Santa Cruz embestía con claridad, bravura y humillación por el pitón derecho, virtud que Ruiz aprovechó a cabalidad en series compuestas. César ligó un emotivo molinete de rodillas mientras en la Monumental se escuchaban el Son del Quevedeño y el Corrido de Nayarit, y coronó su obra con un desplante torero, rodilla en tierra, al cabo de una lidia de auténtica entrega. En los tendidos, una representación femenina de su tierra coreaba «¡Viva Aguascalientes’n!». El hidrocálido fue premiado con una oreja, y al astado se le reconoció la calidad de su embestida con la vuelta al ruedo.
«Tiliche», de 355 kilos, fue el segundo de la tarde, para Gustavo García «El Solito», originario de Chihuahua, a quien se le nota la mano y el atinado cobijo de su apoderado, el matador Pepe Murillo. El novillero lo recibió con auténtica ansia de triunfo a porta gayola y luego remató un quite por gaoneras de ceñidísimo trazo. En rehiletes ofreció un tercio variado y valiente, que cerró con un espectacular par de cortas ejecutado sentado en una silla, derrochando facultades, carisma y oficio. Brindó la muerte del novillo a Enrique Echevarría Aldrete e inició un trasteo electrizante con un péndulo de rodillas que hizo crujir la plaza. El Solito, que debutó el 3 de diciembre de 2020 en la plaza de Atizapán de Zaragoza, aprovechó el pitón derecho de extraordinaria clase del astado y bordó su toreo con profundo sentimiento, caricia y temple, hilvanando derechazos de mano baja y trazo tan estrecho que erizaba la piel. Ni siquiera una aparatosa voltereta lo detuvo en su propósito toreril. Sin mirarse la ropa y con el honor intacto, se reincorporó para entregarse en el ruedo y logró dos orejas indiscutibles.
En el intermedio del festejo, el vicepresidente del Grupo Álica, Antonio Echevarría García, agradeció la presencia de la afición en los tendidos y dejó en claro el firme compromiso del grupo para preservar e impulsar nuestras tradiciones, que nos dan identidad y orgullo de ser mexicanos.
En tercer lugar saltó a la arena «Tambache», con 378 kilos en sus lomos, que correspondió en suerte al jalisciense Morales Ramos. Su faena inició con estatuarios pases por alto de gran emotividad, que dejaron ver su acusada torería, y siguió con un trasteo sólido, basado en la firmeza, la pasión y el pundonor. El novillo acudió a los cites con calidad y recorrido por el lado derecho, donde el espada estructuró tandas de derechazos muy bien templados y de bella factura. Abrochó su actuación con ajustadas manoletinas que calaron en la afición y se llevó dos orejas.
Cerró el festejo «Pitoloco» para Fernando Gaona, quien no se quedó atrás y se fue firme a la puerta de toriles para recibirlo también a porta gayola. El de Guanajuato comenzó la lidia de muleta de rodillas en el albero. Pese a la llovizna, la afición se mantuvo firme en sus asientos y se empapó de la emoción del ruedo. Gaona estructuró muletazos con mano baja, mucho temple, solera y valor imperturbable, y demostró una frescura e intuición naturales que lo reafirman como un novillero sobresaliente y un prospecto para el futuro de la tauromaquia en México.
¡Enhorabuena por esta primera gran tarde de las cinco que ofrecerá el coso tepiqueño, donde se disputa el premio «Espadaña de Plata 2026-2027 Don Antonio Echevarría Pérez»!







