El periodismo aspira a ser objetivo, pero es una aspiración condenada a incumplirse. Unos lo intentan con un lenguaje que va de lo inocuo a lo notarial; otros toman prestados los recursos de la literatura. Prefiero a estos últimos, siempre que los hechos no pierdan nitidez. Por eso el periodista debe leer, sobre todo poesía. Lo dice la gigante Leila Guerriero: «Si bien no creo que haya una poesía del periodismo, sí creo que leer poesía forma el oído y, por tanto, el fraseo y la música del lenguaje. Todo eso termina transformando a un texto periodístico en algo de calidad muy superior. Cuando un texto periodístico está bien hecho se convierte en una forma del arte». En la mesa de todo periodista debería haber un diccionario y un poemario. Y la realidad.







