El triunfo de Lula este domingo, apretado e improbable, deja preguntas, y es difícil saber cuál pesó más. Pero algo habrá tenido que ver el desliz de su contrincante, Flávio Bolsonaro, que en el último debate lo llamó «nueve dedos». Lula respondió con maestría. El meñique lo perdió a los diecisiete años, de noche, en una fábrica, y burlarse de eso ofendía a toda la clase obrera. Bolsonaro tuvo que disculparse. Tal vez ahí se le fueron los votos que le faltaban. Este martes, Bolsonaro huyó del país; teme una investigación por lavado y los suyos alegan venganza política. Todo por un dedo. Unos atribuyen la victoria a una campaña de WhatsApp muy bien llevada, con millones en su canal; otros, en lenguaje chairo, a que venció los algoritmos manipulados de la ultraderecha.







