No lo sé de cierto, como tantas cosas, pero se dijo que la propia empresa de redes sociales admitió que su algoritmo había ralentizado la difusión de las cuentas de Lula en la segunda vuelta, mientras recomendaba las de su rival. Alegó problemas técnicos; los afectados hablaron de la ultraderecha internacional, al puro estilo cuatroté. Intencional o técnico, el tropiezo no bastó: del otro lado, una campaña digital bien armada pudo más que el algoritmo y controló una de las variables del triunfo de la menguada izquierda latinoamericana. ¿Qué explica esa estrategia tan exitosa? ¿Su planeación impecable? ¿Su creatividad y su buena puntería? ¿O una masa que sólo esperaba a un ocurrente y disciplinado redactor de instrucciones para hacer, de forma ordenada, lo que de cualquier modo haría? Honestamente, no tengo una respuesta.







