No siempre admiro a quien levanta la voz ni a quien sale a las calles a protestar por una causa. A veces me parecen ridículos. Más de los que quisiera. Tu localidad, tu trabajo y tu calle tienen bastantes razones como para que levantes la voz, pero decides hacerlo por otra que está fuera de tu país. Allá, muy al sur del continente, o allá, cruzando océanos. Ninguna de las personas afectadas directa e inmediatamente escuchará tu voz. No quiero decir que no valga la pena. Que bueno que tengamos empatía por las vidas de otras naciones. Pero ¿Por qué te callas con lo que sucede frente a tus narices?
Si una empresa en Estados Unidos se muestra públicamente a favor de Donald Trump, tú haces memes y subes a tus historias una invitación para dejar de consumir los productos de esa empresa. ¿Quieres que la gente piense que eres revolucionario? Más bien eres culón. Porque ese mismo día tu patrón te negó un permiso al que por ley tienes derecho, y te pidió acudir a una asamblea política en sábado, por lo que no podrás pasarlo con tu familia o descansando. Esto también requiere que levantes la voz.
Conozco a quienes se la pasan hablando de libertades y represiones en el mundo. A quienes todo lo ven como de izquierdas o de derechas. Hablan de Trump, de Bukele, de Milei, de Espriella. Se angustian por la gravedad del Medio Oriente y por las crisis europeas. Pero nunca los verás señalar al alcalde de su municipio, al jefe del trabajo o al director del lugar donde estudian. Los revolucionarios de salón son revolucionarios allí donde nadie los conoce, con quienes no puedan toparse en los pasillos y de quien no dependa su trabajo, estudios o servicios públicos.
No confío en los revolucionarios de salón que sólo apoyan causas una vez que están sobre los hombros de personas con poder. ¿Pues no dicen tener sensibilidad, conciencia y estar en contacto con la participación ciudadana? Si dices ser de izquierda y le haces al revolucionario, pero sólo apoyas ideas una vez que salen de la boca de autoridades, no das buena espina. No eres de izquierda ni revolucionario. Eres culón y lamebotas. Posiblemente dependas del discurso oficial en la misma medida que lo hace un habitante de Estados Unidos, El Salvador, Argentina o Colombia al que calificas de «derechista» y «conservador».
Si vas a ser revolucionario de salón, de oficina o de redes sociales, levanta la voz sobre la gente que está en tu salón, en tu oficina o te tiene en redes sociales. No seas cobarde callando ante ellos y encolerizándote contra los muy, muy lejanos.
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