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miércoles, noviembre 4, 2026
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Que vuelvan los juegos, que regrese la infancia

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¿Qué pasaría si dejar el celular durante unas horas nos devolviera algo que creíamos perdido? ¿Y si los recreos volvieran a llenarse de carreras, risas, canciones y juegos que durante generaciones formaron parte de nuestra infancia?

La reciente disposición que restringe el uso de teléfonos celulares durante la jornada escolar en preescolar, primaria y secundaria abre una oportunidad que va más allá de mejorar la concentración de los estudiantes: podría convertirse en el punto de partida para recuperar los juegos tradicionales.

La rayuela, las escondidas, las traes, los encantados, las cebollitas, la cuerda, el resorte, las canicas, el trompo y hasta las rondas infantiles podrían volver a ocupar un lugar en los patios escolares.

Para quienes crecimos sin teléfonos inteligentes, recordar el recreo es recordar una época en la que la diversión no dependía de una pantalla. Bastaba una cuerda, una pelota, un gis para dibujar un avión en el suelo o un grupo de amigos dispuestos a jugar.

Había quienes organizaban equipos para jugar quemados, quienes brincaban la soga mientras cantaban, quienes competían por llegar primero en las escondidas y quienes convertían cualquier espacio en un escenario de imaginación.

Hoy, buena parte de la convivencia infantil y adolescente está atravesada por las pantallas. Las conversaciones, los juegos y hasta los momentos de descanso pueden transcurrir frente a un dispositivo. Por eso, limitar el uso del celular en las escuelas también representa una oportunidad para recuperar la interacción cara a cara, el movimiento y la creatividad.

Pero hay algo importante: no basta con guardar los teléfonos. También es necesario ofrecer alternativas. Las escuelas, los docentes y las familias pueden contribuir a que los recreos vuelvan a ser espacios de convivencia, mediante actividades recreativas que rescaten los juegos de siempre.

No se trata de rechazar la tecnología, porque forma parte de nuestra realidad y también puede ser una herramienta de aprendizaje. Se trata de encontrar un equilibrio y recordar que la infancia necesita correr, saltar, imaginar, equivocarse, competir, compartir y hacer amigos.

Quizá dentro de algunos años, cuando estos niños recuerden sus días de escuela, no hablen solamente de las clases o las tareas, sino de aquel compañero que siempre ganaba en las traes, de las canciones para brincar la cuerda o de las tardes jugando a las escondidas.

La restricción del celular puede ser una medida educativa, pero también puede convertirse en una oportunidad para recuperar algo mucho más valioso: el gusto de convivir y jugar.

Porque antes de que las pantallas ocuparan buena parte de nuestro tiempo, teníamos algo que no necesitaba batería, señal ni conexión a internet: la imaginación y las ganas de jugar.

Que vuelvan las canicas, la rayuela, la soga y las escondidas. Que los patios escolares vuelvan a llenarse de risas. Que la tecnología tenga su lugar, pero que la infancia no pierda el suyo.

Porque crecer también significa recordar que alguna vez fuimos felices jugando en la calle, en el patio de la escuela o con los amigos de la cuadra.

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