En Tepic laten dos corazones guadalupanos: uno que pulsa desde 1799… y otro que nació en el poblado El Pichón casi un siglo después, pero que mueve más gente que un concierto gratis. En esta ocasión hablaremos del que tiene más siglos de devoción.
El Santuario de la Virgen de Guadalupe empezó como una humilde ermita, bendecida en 1799. Hoy se encuentra ubicado en el centro histórico de Tepic. Algunos de sus principales benefactores fueron Juan de Zelayeta, Juan Cruz Ruiz de Cabañas (obispo de Guadalajara), entre otros.
Su atrio fue, en su momento, el cementerio de la ciudad, cuando el panteón de la Catedral fue clausurado. Sí: el lugar donde hoy te tomas la foto con la Virgen fue, en otro tiempo, el vecindario más tranquilo… para los muertos.
Y, por si hacía falta un toque místico, la tumba de Juan de Zelayeta sigue ahí dentro, como uno de los huéspedes más antiguos y puntuales del santuario.
También ahí descansa Mariana González Manrique, nada menos que la madre de la progenitora de la Madre Mariana Allsopp González Manrique, quien es venerable y está en proceso de beatificación beata, por lo cual ya está haciendo fila VIP para convertirse en santa.
Con el tiempo a este lugar, los parroquianos comenzaron a llamarlo de cariño “El Santuario”, el cual se ha expandido y mejorado notablemente. En 1929, el padre Anastasio Hurtado Robles le dio la forma de cruz latina que vemos hoy.

En 1931, el mismo párroco Anastasio Hurtado, quien luego sería consagrado obispo en 1935, impulsó una ambiciosa ampliación del santuario. Su visión era clara: preparar el templo para el IV Centenario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe.
Aunque no pudo ver terminada su obra, dejó el proyecto en manos de monseñor Enrique Mejía, quien lo culminó y le dio la majestuosa forma que hoy conocemos y admiramos.
En 1950, la señora Asunción Izquierdo de Flores Muñoz fue quien realizó la remodelación total del atrio del santuario.
Lo que hace especial a este lugar es la devoción de su gente. Generaciones enteras han encontrado consuelo y esperanza aquí. Y aunque no existen registros oficiales de milagros, la fe de la comunidad católica parece inquebrantable.
El santuario no solo es un lugar de culto, sino también un símbolo de la identidad y la cultura de Tepic.
Así que, si alguna vez estás en Tepic, seas o no católico, no dejes de visitar el Santuario de la Señora de Guadalupe. Aquí, la historia, la fe y la comunidad se unen en una experiencia única.
Fuente: Historiador Pedro López González







