A partir de este jueves, la nómina de millones de trabajadores mexicanos refleja un acontecimiento económico: por primera vez en la historia moderna, el salario mínimo general supera los 300 pesos. Tras el decreto de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), el pago diario oficial para la mayor parte del territorio nacional, incluido Nayarit, se establece en 315.04 pesos, dejando atrás los 278.80 pesos vigentes en 2025.
Este ajuste representa un incremento del 13 por ciento, una cifra diseñada estratégicamente para acelerar la recuperación del poder adquisitivo en el centro y sur del país sin descuidar la inflación. En términos prácticos, esto garantiza un ingreso mensual bruto de 9 mil 582 pesos para cualquier empleo formal de jornada completa.
La historia es distinta en los 43 municipios de la Zona Libre de la Frontera Norte. Allí, donde los sueldos ya habían tomado una ventaja considerable en años anteriores, la estrategia cambió de velocidad. Para este 2026, el aumento fue únicamente del 5 por ciento, elevando el salario de 419.88 a 440.87 pesos diarios.
La lógica federal: en el norte ya se superó la meta de bienestar (cubriendo casi 3 canastas básicas), por lo que ahora se busca estabilidad. Aún con este aumento “moderado”, la brecha sigue siendo notable: un trabajador fronterizo ganará mensualmente 13 mil 409.80 pesos, poco más de 4 mil pesos que uno en el resto de la república.
Para dimensionar el impacto en el bolsillo, basta mirar el retrovisor hacia 2018. Hace ocho años, el salario mínimo era de apenas 88.36 pesos, una cifra que mantenía a México en el sótano salarial de Latinoamérica. El monto actual de 315.04 pesos significa que, en menos de una década, el salario base se ha triplicado nominalmente (un crecimiento acumulado del 256%).
Con este nuevo piso salarial, el gobierno federal busca consolidar la meta de que, antes de 2030, el salario mínimo alcance para cubrir 2.5 veces la Canasta Básica Alimentaria y No Alimentaria, un objetivo que en la zona general cada vez se ve más cercano, aunque para el sector empresarial implique un nuevo reto de ingeniería financiera en sus costos operativos.



