La Entrevista con Antonio Tello | Especial para Meridiano
El segundo lunes de enero se siente distinto. En el estudio de 8NTV aún parece flotar el eco de los bates chocando contra la pelota, como si la temporada no hubiera terminado del todo. Hace apenas unos meses, cuando Héctor Fitch se sentó por primera vez frente a estos micrófonos, Jaguares de Nayarit era un proyecto en construcción, una apuesta que muchos miraban con escepticismo en una entidad etiquetada durante años como “plaza pequeña”. Hoy, la conversación parte de otro punto: no desde la expectativa, sino desde los resultados.
Fitch, director operativo del equipo, habla con la serenidad de quien ya no necesita convencer. La primera temporada fue, admite, un torbellino emocional: celebraciones, frustraciones y una presión constante por demostrar que el béisbol profesional podía sostenerse en Nayarit. El balance, sin embargo, se expresa mejor en cifras que en discursos. Una asistencia promedio cercana al 80 por ciento y 2 mil 500 abonados en el año de debut obligan a replantear los viejos prejuicios sobre el mercado deportivo local.
El diagnóstico inicial que escuchó el directivo fue recurrente: que el profesionalismo se había ido de la entidad desde mediados del siglo pasado y que no había condiciones para su regreso. Fitch optó por ignorar la advertencia y apostar por el ADN beisbolero del noroeste y por una afición que, aunque dormida, nunca había desaparecido. El comportamiento del público terminó por confirmar que el problema no era la plaza, sino la ausencia de un proyecto serio y consistente.
El estadio fue uno de los primeros retos. No se trataba únicamente de cumplir con requisitos administrativos, sino de construir una experiencia. Hubo ajustes técnicos en pantallas, sonido e iluminación; se intervino el diamante para alinearlo con estándares internacionales y se cuidó un detalle que suele pasar inadvertido: la memoria. Bajo la visión del ingeniero Carlos Peralta, el club recuperó elementos clásicos del béisbol nacional, incluida la receta original de la cochinita que marcó época en estadios emblemáticos de la Ciudad de México. La nostalgia se convirtió en un puente entre generaciones.
Pero el impacto más profundo ocurrió fuera del terreno de juego. Al hablar de la colonia Santa Teresita, Fitch abandona el lenguaje deportivo y adopta el tono de un informe técnico. En cada jornada, el estadio genera alrededor de 450 empleos directos, cifra que puede llegar a 650 en eventos de alta demanda. A ello se suma una economía indirecta que transformó el entorno: viviendas remozadas, cocheras convertidas en pequeños negocios familiares y una dinámica de seguridad reforzada por la presencia constante de aficionados. El barrio dejó de ser un punto de paso para convertirse en un centro de convivencia.
En el plano deportivo, el análisis es menos complaciente. Los playoffs dejaron una sensación de oportunidad incompleta. Las lesiones de jugadores clave como Jesse Castillo y Valencia, sumadas a la salida de lanzadores llamados por organizaciones de Grandes Ligas, evidenciaron la fragilidad de un roster construido en tiempo récord. Fitch no evade la autocrítica: el pitcheo fue la principal carencia y el margen de maniobra, limitado. Aun así, destaca que la conexión con la afición se mantuvo intacta, impulsada también por figuras simbólicas como Chacho, la mascota que se convirtió en un punto de anclaje emocional para niños y familias.
El horizonte de 2026 apunta a consolidación. El estadio no cerrará durante el receso; la intención es abrirlo a la comunidad, permitir que los niños lo recorran y lo sientan propio. En lo deportivo, el compromiso es claro: construir un equipo con aspiraciones reales de campeonato en un plazo no mayor a tres años, fortalecer la relación con la liga y crear un semillero de talento local que dé identidad al proyecto. La prueba de ese avance ya se percibe fuera del estado, donde el jersey de Jaguares comenzó a circular como símbolo de pertenencia.
Al final de la entrevista, queda claro que el mayor logro del equipo no está únicamente en la tabla de posiciones. Jaguares logró reinstalar al béisbol profesional como un factor de cohesión social y desarrollo urbano en Nayarit. El reto inmediato será sostener ese modelo, corregir las debilidades deportivas y evitar que el entusiasmo inicial se diluya. La base, sin embargo, ya está puesta: una afición activa, un proyecto con datos que lo respaldan y la convicción de que el éxito, cuando se gestiona con rigor, deja de ser una casualidad.



