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martes, enero 20, 2026
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La depresión no cabe en un hashtag: #BlueMonday

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Tepic amaneció con un cielo gris, de esos en los que la luz parece desvanecerse antes de empezar el día. No hace frío, pero tampoco calor; no llueve, pero el ambiente carga algo más que humedad. Es lunes, el tercer lunes de enero, y en redes sociales circula por todas partes la etiqueta de Blue Monday, el llamado día más triste del año.

La idea no tiene sustento científico (aunque le han inventado una formula convincente). Surgió en 2005 como parte de una campaña publicitaria para incentivar viajes a mitad de temporada y, aun así, logró instalarse en la cultura popular como una explicación cómoda para hablar de tristeza y desánimo. La ciencia es clara: no existe un solo día que concentre, por sí mismo, la tristeza del mundo. El estado de ánimo, la depresión y el malestar emocional son fenómenos complejos que no caben en una fórmula ni en un calendario.

Enero, eso sí, suele ser un mes emocionalmente pesado para muchas personas. Terminan las fiestas, llega la cuesta económica y se impone el regreso a rutinas que pueden sentirse monótonas o abrumadoras. Pero una cosa es la tristeza pasajera y otra muy distinta una enfermedad que, cuando no se atiende, puede tener consecuencias irreversibles.

Por eso es importante hablar de salud mental sin frivolizarla. En Nayarit, la depresión no es un tema marginal. El estado cerró 2024 con 3 mil 431 casos diagnosticados según el Boletín Epidemiológico Nacional. En lo que va de 2025, esa cifra ya fue superada: se han registrado 4 mil 474 diagnósticos, de los cuales 2 mil 913 corresponden a mujeres y 1 mil 561 a hombres. En términos porcentuales, alrededor del 65 por ciento de los casos son mujeres y el 35 por ciento hombres. Estos números no son casuales; reflejan patrones sociales y de género que merecen ser analizados con seriedad.

Decir que la depresión tiene rostro de mujer no es una simplificación, sino el reconocimiento de una tendencia estadística persistente. Las mujeres no solo presentan síntomas con mayor frecuencia, también buscan ayuda y acceden al diagnóstico con mayor regularidad. Este patrón se repite a nivel nacional, donde los registros de 2025 muestran que las mujeres duplican los casos de depresión en comparación con los hombres.

Las razones no son simples. Las mujeres enfrentan presiones laborales, familiares y sociales que se superponen, además de cargas de cuidado que rara vez se traducen en espacios reales de descanso o acompañamiento. Aunque no todos los casos de depresión son iguales, las cifras evidencian desigualdades estructurales que no pueden ignorarse.

Sin embargo, cuando se observa el extremo más trágico de esta problemática, la historia cambia. Si la depresión aparece con mayor frecuencia entre mujeres, el suicidio tiene rostro de hombre. En Nayarit, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones, el 83 por ciento de los suicidios corresponden a hombres y solo el 17 por ciento a mujeres. No se trata de una variación menor, sino de una tendencia constante que se repite en el país.

Estas cifras dicen mucho más que lo que aparentan. Hablan de cómo las expectativas culturales moldean formas distintas de vivir y expresar el dolor. Mientras muchas mujeres logran nombrar su malestar y llegar a un diagnóstico, muchos hombres aprenden a callar. La idea de que pedir ayuda es una señal de debilidad sigue operando como una barrera peligrosa. Ese silencio, sostenido en el tiempo, puede convertir un episodio de depresión en un acto irreversible.

Los intentos de suicidio y la ideación suicida también muestran diferencias de género claras. En 2024, 93 personas registraron historia de lesión autoinfligida: 75 mujeres y 21 hombres. Ese mismo año se documentaron 212 casos de ideación suicida, nuevamente con mayoría femenina. Las mujeres piensan e intentan más; los hombres, con mayor frecuencia, consuman el suicidio.

Los métodos utilizados refuerzan esta lectura. El envenenamiento con analgésicos y drogas pasó de 59 casos en 2024 a 85 en 2025, un aumento cercano al 44 por ciento, con mayor incidencia en mujeres. La lesión autoinfligida con arma corta pasó de dos a tres casos. Los saltos desde lugares elevados se mantuvieron sin cambios. El dato más alarmante es el de ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación, que pasó de cinco casos en 2024 a 13 en 2025, un incremento del 160 por ciento, con predominio masculino.

Hablar de suicidio no es normalizarlo ni romantizarlo. Es asumir una responsabilidad colectiva. La depresión es una enfermedad tratable. Existen terapias, medicamentos y estrategias de acompañamiento que pueden marcar la diferencia. Cuando una persona se siente escuchada, contenida y acompañada, aumenta de manera significativa la probabilidad de que busque ayuda profesional.

Las causas son múltiples, machismo estructural, estigmas persistentes, expectativas rígidas sobre la masculinidad, servicios de salud insuficientes o inaccesibles. Muchos hombres no piden ayuda hasta que es demasiado tarde; muchas mujeres la piden, pero siguen cargando con un peso emocional enorme. A nivel nacional, solo una pequeña proporción de quienes padecen depresión accede a tratamiento adecuado, lo que deja a miles de personas en situación de riesgo.

En este contexto, hablar de Blue Monday resulta, cuando menos, superficial. La tristeza no ocurre un solo día al año. Para quienes viven con depresión o pensamientos suicidas, cada día puede ser una batalla. Enero puede ser complicado, sí, pero no explica por sí solo una condición clínica que exige atención constante.

Más que señalar un lunes triste, convendría hablar de solidaridad, de escucha activa y de redes de acompañamiento que estén disponibles todo el año. La tristeza momentánea no mata; lo que mata es el silencio prolongado, la falta de interlocución y la ausencia de una respuesta social y de salud pública que trate la salud mental como una prioridad real.

La depresión puede tener rostro de mujer y el suicidio rostro de hombre, como el texto que presenté en agosto del 2025, pero la empatía, la atención médica y el acompañamiento deben tener el rostro de todos. Porque el verdadero desafío no es sobrevivir a un día triste, sino garantizar que quien hoy está en riesgo tenga razones y apoyo para seguir viviendo mañana.

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