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Vestido de mujer, pero de armas tomar

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Año 1530: un guerrero vestido de mujer les plantó cara a los conquistadores en el Río Santiago

Cuando los españoles cruzaron por primera vez el Río Santiago, cerquita de donde se junta con el Río Zula, iban muy valientes y con ganas de pleito. No sabían que del otro lado los esperaba un guerrero bravo… vestido de mujer, un trasvesti.

Corría el año 1530 y este vale al parecer no era cualquier tipo vestido de mujer. Si pensabas que era muy delicadito, te equivocas, ya que fue todo un guerrero feroz.

Este es el contexto: Don Nuño Beltrán de Guzmán, un conquistador español de pocas pulgas, salió de la Ciudad de México (o sea, en ese momento, Tenochtitlan) en diciembre de 1529 con la idea de conquistar el occidente del territorio.

El 2 de febrero de 1530 llegaron a un río que hoy conocemos como Lerma, pero en ese entonces Nuño lo bautizó con un nombre bien religioso: Río Nuestra Señora de la Purificación de Santa María.

Para el 5 de marzo, llegaron a Ocotlán y se encontraron con que los habitantes se habían refugiado en una isla en el río Cuitzeo (hoy Río Santiago). Cuando los españoles intentaron cruzar, ¡trakas! Los indígenas los recibieron con flechas y toda la vibra bélica.

Aquello fue un desmadre total. Según los registros de Don Nuño, un capitán quedó malherido con tres flechas que ni Cupido hubiera acertado mejor, y el médico de la expedición tampoco salió bien librado. Pero, como buenos conquistadores, hicieron balsas y tomaron la isla.

Los soldados se asombraron por la fiereza de una “guerrera” fuera de serie, la cual fue la última en ser capturada. Sin embargo, rápidamente se dan cuenta de que es un hombre vestido de mujer, dejando a todos con la boca abierta.

El prisionero confesó que desde niño “se había acostumbrado” a vestirse de mujer “y ganaba la vida con los hombres al oficio”.

Se dice, se cuenta, se rumora que no pidió clemencia y la respuesta de Nuño fue… bueno, ustedes ya saben, lo típico de los conquistadores: “quémenlo”.

Después de la batalla, capturaron a muchos indígenas, principalmente mujeres y niños, los marcaron con hierro y los repartieron como esclavos. Y así, meses después, Nuño llegó a Tepic, que antes se llamaba Tepique.

Este hombre vestido de mujer no dejó nombre ni tumba, solo un párrafo perdido en los documentos de la conquista. Una historia real, cruda, violenta, pero también profundamente humana.

Porque incluso en los tiempos más crueles, hubo quienes lucharon hasta el final siendo quienes eran, aunque eso les costara la vida.

Fuente: Enrique S. De Aguinaga Cortés, Nayarit a Través de los Siglos, ICANAY, Nayarit Básico núm. 5, 1994, Tomo I, Capítulo IV, páginas 120 y 121.

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