Cuando amanece en Nayarit, el aire se impregna del aroma del café que madura lentamente entre la neblina y la brisa. Al cierre de 2025, el estado consolidó un ciclo cafetalero estable, en el que la tierra, el clima y el trabajo de las familias productoras volvieron a encontrarse para dar fruto.
Durante el último año, casi 15 mil hectáreas se mantuvieron sembradas de café en la entidad, de las cuales más del 85 por ciento lograron cosechar sin registrar siniestros. El resultado fue una producción cercana a las 10 mil toneladas de café cereza, reflejo de un sector que, aunque enfrenta retos, mantiene firme su vocación agrícola, de acuerdo con información de la Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera.
Compostela continúa latiendo como el corazón cafetalero de Nayarit. Sus laderas y cafetales aportaron más de una cuarta parte del grano que se produce en el estado, reafirmando su papel histórico en esta actividad. San Blas y Xalisco acompañan este liderazgo, combinando tradición, trabajo comunitario y una producción constante que sostiene la economía local.
Pero si de eficiencia se trata, Ruíz destaca como una historia que merece contarse con orgullo. Con menos superficie sembrada, este municipio logró el mayor rendimiento por hectárea del estado, demostrando que la productividad también nace del cuidado del suelo, la experiencia de los productores y el amor por el cultivo.
El balance del ciclo 2025 deja una señal alentadora: ninguna hectárea siniestrada. Un dato que habla de condiciones climáticas favorables y de prácticas agrícolas que siguen adaptándose a los tiempos actuales, protegiendo un cultivo que es identidad y sustento para muchas comunidades.
De cara a 2026, el paisaje cafetalero se prepara para un nuevo capítulo. Aunque la superficie programada registra una ligera disminución, los cafetales ya están en fase de siembra y desarrollo. Compostela y San Blas vuelven a encabezar el mapa productivo, además de la adicción de Rosamorada, quien comienza a sembrar sus primeras hectáreas, mientras el estado aguarda una nueva cosecha que, como cada año, promete teñir de rojo los campos y llenar de aroma las mañanas.



