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viernes, febrero 13, 2026

Regalar Gasolina

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¡Híjole, chato! Mire usted que uno amanece con ganas de ser generoso, de compartir el pan y la sal, y hasta el combustible, pero resulta que en este bendito país la caridad empieza por la casa de los vecinos y se paga con el monedero de todos nosotros. Es un dineral el que anda volando sobre las olas del Caribe, nada menos que mil 400 millones de dólares en puro “oro negro” que ha salido de nuestras terminales con rumbo a Cuba entre 2023 y 2025. Y fíjese bien en el detalle, porque ahí está la médula del asunto: nos dicen que somos muy soberanos, pero esa soberanía parece que tiene permiso de importación y se nos acaba cuando el vecino del norte frunce el ceño.

Resulta que tenemos una cosa llamada Gasolinas Bienestar (¡Bendito sea el Señor!), una filial que don Andrés Manuel inventó allá por el 2022. En aquel entonces, el discurso oficial era que esa empresa serviría para llevar el beneficio a las zonas más pobres, a las cooperativas rurales y a los olvidados de la tierra. ¡Vaya sorpresa se lleva uno al leer a los reporteros Jorge Chaparro y Dalila Escobar! Resulta que el “bienestar” se fue de vacaciones a La Habana, porque la verdadera misión de esa filial ha sido comprarle crudo a Pemex para mandarlo de regalo a la isla, sin que los cubanos hayan soltado un solo centavo por el favor.

Aquí es donde la puerca torció el rabo, chato, porque nuestro señor gobierno afirma que estas decisiones son soberanas y que obedecen a una “ayuda humanitaria”. Lo curioso es que cuando el pueblo de México pregunta por los contratos, el gobierno saca el paraguas del “secreto comercial” y nos dice que esa información es privada porque la filial se rige por el derecho mercantil. ¡Hágame usted el favor! Usan recursos públicos, petróleo de la nación y personal de la paraestatal, pero los detalles son secreto de Estado para nosotros. Ah, pero eso sí, a los señores de la Securities and Exchange Commission, la famosa SEC allá en los Estados Unidos, les mandan el informe con puntos y comas, con cantidades y montos auditados, porque allá sí tienen que cantar la verdad para que no les cierren el crédito. Es decir, para el mexicano hay candado, pero para el Tío Sam hay transparencia de cristal.

La cosa se puso color de hormiga este enero que acaba de pasar. Tras el borlote que se armó en Venezuela con la captura de Maduro a manos del ejército estadunidense, el señor Donald Trump dio un manotazo en la mesa y publicó en su red social que ya no habría más petróleo para Cuba. Y fíjese qué puntería tiene la presión gringa, porque aunque aquí se habla de independencia, los reportes internacionales indican que en enero las entregas se detuvieron en seco. La soberanía se nos mareó con el vuelo de los drones MQ-4C Tritón, esos aparatitos de la Marina de Estados Unidos que andan vigilando las costas de Yucatán y Campeche, registrando cada buque que asoma la nariz por el puerto de Progreso. Uno de esos drones, con la clave BLKCAT5, se la pasó dando vueltas sobre nuestras aguas territoriales, recordándonos que el ojo de Washington no parpadea.

Lo más triste de este bolero, chato, es que es una historia de desamor financiero que ya tiene décadas. Desde los tiempos de Salinas de Gortari se ha intentado apoyar a la isla, pero como bien dice el especialista Luis Miguel Labardini, a Cuba no se le ha podido sacar ni un centavo en 35 años. Es un “borrón y cuenta nueva” perpetuo, donde incluso se les regala petróleo ligero, del que casi no tenemos en México, nomás porque sus refinerías obsoletas no aguantan el crudo pesado. Al final, el Consejo de Administración de Pemex termina declarando esas deudas como “pérdida”, cargándolas al erario que pagamos todos con el IVA y el impuesto sobre la renta.

Estamos financiando una utopía ideológica con el dinero de los hospitales y las escuelas de México. El ímpetu de “apoyo solidario” se topó con el muro de la realidad geopolítica y con el hecho de que, en este juego de ajedrez, las piezas se mueven según el viento que sople desde la Casa Blanca. La ayuda que guardamos como secreto de Estado resultó ser un secreto a voces para los gringos, quienes ahora usan esos envíos como garrote para condicionar la revisión del T-MEC. Al final, lo que queda es una cuenta multimillonaria, una soberanía que se dobla ante los drones y el detalle de un gobierno que prefiere informar en inglés a los de afuera que en español a los de casa.

Ahí, precisamente ahí… está el detalle.

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