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lunes, febrero 16, 2026

No tendrán perdón

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¡Híjole, chato! Mire usted que uno aquí se pone a considerar, porque considerando es como uno llega a la consideración de que el mundo de los libros es una cosa muy seria, pero a veces se nos pone de un humor que ya no sabe uno si está en la sección de historia o en la de cuentos de hadas para adultos con presupuesto público. Resulta y resalta, para que usted me entienda el detalle, que la Editorial Planeta acaba de soltar un impreso titulado Ni venganza ni perdón, firmado por don Julio Scherer y don Jorge Fernández. Y uno diría: “¡Qué bueno, vamos a enterarnos de la verdad!”, pero ¡zaz!, que sale el analista Max Kaiser en su episodio 435 a decirnos que la cosa no es como la pintan, sino todo lo contrario y un poquito más allá.

Fíjese bien en el nudo del asunto, chato, porque el detalle es que este libro nos sale en un ojo de la cara. Don Max dice, con una claridad que ya la quisiera un cielo despejado, que nos quiere ahorrar “400 pesotes” y varias horas de nuestra vida que no van a volver. Y es que, según su entender, que de esto sabe un rato, la obra es un “engaño monumental” que defrauda la inteligencia de cualquier mexicano que ande buscando entender qué pasó en estos años. Dice que el volumen es, llanamente, un “pedazo de mierda” intelectual porque renuncia a la verdad para abrazar la mitificación más extrema. ¡Ándele! Como si uno pagara por una enciclopedia y le entregaran un álbum de estampitas donde el héroe siempre sale peinado y con la razón bajo el brazo.

Pero ahí no está el detalle, chato. El detalle es que el libro, fíjese usted qué maña, “pinta a Obrador como un dios”. Sí, así como lo oye: una entidad infalible, una deidad que habita un plano moral tan alto que ya ni el oxígeno le llega. Mientras el país se debate entre los problemas de salud, seguridad y transparencia, los autores se dedican a construir una “muralla de santidad” alrededor de la figura presidencial. Es un ejercicio de adulación servil que, en lugar de informarnos, nos quiere recetar una fe ciega, anulando cualquier posibilidad de que los ciudadanos le pidamos cuentas al patrón. ¡Vaya forma de escribir historia!, omitiendo los fracasos reales para vendernos un culto a la personalidad de 400 pesos.

Y para que la gente no se me aburra entre tanto incienso, don Julio aprovecha el viaje para soltar el garrote y ajustar cuentas con los amigos de la víspera. El libro se convierte en un desfile de chismes palaciegos donde se señala con el dedo a personajes como el fiscal Alejandro Gertz Manero, la exsecretaria Olga Sánchez Cordero, el ministro Arturo Zaldívar y hasta al vocero Jesús Ramírez Cuevas. Es un ejercicio de morbo puro donde el autor se vende como el aliado más leal mientras descalifica a los demás para validar su propia cercanía mística con el poder. O sea, que el dolor y las crisis de México son nomás el telón de fondo para un drama de vanidades personales que no nos deja nada bueno.

La verdad es que a Max Kaiser le dio hasta “náusea” física, así lo dice él, de ver cómo se manipula la verdad histórica para beneficio de una narrativa personalista. Y es que, chato, regalarle la razón a un político como si fuera un mandato divino es un síntoma de que la política se nos está degradando más que un zapato viejo en charco. La advertencia es: no gaste su dinero en esa “basura” que sólo sirve para alimentar la desinformación y el culto al líder, sacrificando la integridad de un libro serio en el camino.

Al final del día, el enredo de este libro termina donde empieza la cordura del ciudadano. El tiempo de nosotros es demasiado valioso para sacrificarlo en chismes de vecindad oficialista que prefieren el ataque personal sobre la rendición de cuentas gubernamental. La inteligencia colectiva se debe proteger, porque fíjese usted que para entender a un gobierno no se necesitan profetas de solapa, se necesitan datos, rigor y mucha, pero mucha vergüenza, que es precisamente lo que les faltó a los que publicaron este engaño

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