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El cambio de guardia y la cena en la Casa Blanca (1/6)

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Frente al poder documenta la administración de Martin Baron al frente de The Washington Post, subrayando la evolución del rotativo bajo la propiedad de Jeff Bezos. La obra expone el conflicto directo entre la prensa independiente y el Ejecutivo estadounidense, resaltando la firmeza editorial ante las coacciones del entorno político. El texto analiza episodios determinantes, como el caso Snowden y el asesinato de Jamal Khashoggi, para ratificar el compromiso con la transparencia informativa. Esta publicación adquiere una vigencia crítica tras el ajuste de personal comunicado el pasado 4 de febrero por la gerencia del diario. La empresa fundamentó el recorte de un tercio de su plantilla en la necesidad de asegurar la sostenibilidad financiera, tras registrar un déficit de 100 millones de dólares. No obstante, analistas del sector vinculan la agudización de la crisis a la baja de 250 mil suscriptores derivada de la neutralidad editorial impuesta por Bezos en la pasada contienda electoral. Esta entrega constituye el primer capítulo de una serie de seis análisis.

El 15 de junio de 2017, la cúpula directiva de The Washington Post ingresó a la Casa Blanca para una cena privada con el presidente Donald Trump. Martin Baron, entonces director ejecutivo del diario, relata que el encuentro se mantuvo bajo un estricto pacto de confidencialidad que los periodistas del propio diario no lograron romper en su momento. El grupo, compuesto por Jeff Bezos, el director general Fred Ryan y el jefe editorial Fred Hiatt, evitó la entrada principal de prensa para ingresar por la esquina noreste de los jardines. Baron detalla que Trump veía a Bezos como un empresario exitoso y como el hombre que manejaba los hilos de la cobertura informativa, una percepción errónea que Ryan intentó disipar aclarando que la reunión no influiría en el periodismo del diario.

La velada transcurrió en el Salón Azul bajo una atmósfera de hostilidad latente. Mientras los comensales degustaban suflé de queso y lenguado de Dover, el presidente dedicó el tiempo a alardear sobre su victoria electoral y a calificar al Post como el peor de los panfletos mediáticos. Baron observa que Trump utilizaba un encanto superficial para ocultar un desprecio profundo hacia la prensa, a la que ya había tildado públicamente como “el enemigo del pueblo americano”. En un momento de la cena, la asesora Hope Hicks entregó un teléfono a Jared Kushner con una alerta de noticia del propio Post: el fiscal Robert Mueller estaba investigando sus negocios en Rusia. Hicks le susurró a Kushner que la escena era “shakespeariana”, al cenar con sus supuestos enemigos.

El control sobre el Post había cambiado de manos cuatro años antes en medio de una parálisis financiera. Katharine Weymouth, quinta integrante de la familia Graham en dirigir el diario, citó a Baron en el hotel Loews Madison durante un caluroso verano de 2013 para comunicarle que venderían la empresa a Jeff Bezos. El periodista Paul Farhi, encargado de cubrir la noticia para el propio periódico, describe la transacción de 250 millones de dólares como el fin de ocho décadas de administración familiar. Baron percibió la venta como un acto de honestidad por parte de Don Graham, quien admitió que la familia carecía de un plan para salvar el diario y se limitaba a administrar su declive ante la estrepitosa caída de la publicidad impresa.

La llegada de Bezos introdujo una mentalidad de crecimiento agresivo frente a la cultura del recorte presupuestario. En su primera visita a la redacción en septiembre de 2013, el fundador de Amazon instó a los empleados a dejar de glorificar el pasado para centrarse en los lectores y en la experimentación tecnológica. Bezos utilizó la metáfora de la “pista de despegue” para explicar que su inversión proporcionaría el tiempo necesario para encontrar un modelo de negocio sostenible en internet. El nuevo propietario estableció una regla fundamental para el equipo: “No seáis aburridos”. Baron confirma que, a pesar de las sospechas iniciales de algunos sectores, Bezos garantizó independencia total para investigar a Amazon o a él mismo, cumpliendo su palabra a lo largo de los años.

El relevo en la dirección general también trajo nuevas fricciones y una profesionalización del enfoque político. Fred Ryan, nombrado por Bezos para sustituir a Weymouth, criticó lo que llamó el “metabolismo bajo” del diario. Baron respondió defendiendo la productividad de sus reporteros, señalando que superaban en tráfico digital a competidores directos como The New York Times y Politico. Bajo la gestión de Ryan, la consigna estratégica estableció “Ganar el 2016”. El editor de política Steven Ginsberg lideró una expansión masiva de la sección, contratando a reporteros de alto impacto para liderar el debate nacional en lugar de simplemente reaccionar a las noticias del día.

La estrategia de Bezos se centró en convertir al Post en una institución nacional y mundial aprovechando los bajos costes de distribución digital. El empresario rechazó tajantemente la idea de que la información deba ser gratuita, comparándola con regalar coches o casas. Shailesh Prakash, jefe de tecnología, desarrolló herramientas de ingeniería puntera para optimizar la velocidad de carga y el análisis de datos de los lectores. Baron relata que el diario empezó a conseguir hasta cinco mil suscriptores diarios mediante un sistema de muros de pago cada vez más estrictos, transformando el negocio de un enfoque local a uno global de gran escala.

El autor reflexiona sobre el funeral de Ben Bradlee (director del diario durante la era del Watergate, en el que el periódico consolidó su reputación de independencia y valentía frente al poder político) en 2014 como un punto de inflexión para la comprensión de Bezos sobre la cultura del diario. Tras escuchar los discursos en la Catedral Nacional de Washington, el propietario confesó a Baron que finalmente entendía que el Post era una institución “con pelotas” e intrépida. Esta cualidad resultó indispensable cuando el diario decidió publicar las filtraciones de Edward Snowden sobre la vigilancia ilegal de la NSA (National Security Agency). El equipo legal y editorial, bajo la supervisión de Baron, asumió el riesgo de cargos criminales bajo la Ley de Espionaje para exponer un sistema gubernamental invasivo que operaba sin supervisión.

La colisión entre el poder político y el periodismo independiente se materializó en ataques personales y presiones económicas coordinadas. Trump utilizó sus redes sociales para exigir que el Servicio Postal cobrara más a Amazon como represalia por la cobertura informativa del diario. Según Baron, el objetivo del presidente era forzar la sumisión del Postme diante ataques incesantes a sus periodistas y a los intereses de su dueño. Sin embargo, Bezos mantuvo su postura de no interferencia, asegurando a Baron que no se dejaría amenazar por el poder político. El relato de Baron subraya que la viabilidad del diario dependía de su capacidad para exigir responsabilidades al hombre más poderoso del mundo.

Esta primera etapa de la gestión de Baron marcó el inicio de una era donde la tecnología y el periodismo de investigación se unieron para rescatar una marca histórica. El autor reconoce que entró en el Post en un momento de crisis profunda, pero la combinación del capital de Bezos y la agresividad informativa frente a Trump posicionaron al diario en la vanguardia. El resultado fue una redacción revitalizada que, lejos de desaparecer como vaticinaban los críticos del sector, se expandió hasta alcanzar el millar de periodistas, consolidándose como un contrapeso crítico para la salud de la democracia estadounidense.

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