La zafra camaronera en la zona norte de Nayarit cerró con un balance financiero crítico para los productores. Socios de tres de las 34 cooperativas que operan en la región se declararon en insolvencia técnica, incapaces de abonar a los créditos adquiridos previo al levantamiento de la veda, debido a que la producción real apenas alcanzó el 10 por ciento de lo estimado.
La angustia financiera deriva de los altos costos de preparación. Cada agrupación invirtió entre 500 mil y dos millones de pesos para la compra de pangas, motores, reparación de artes de pesca y la construcción de los tradicionales “tapos”. Sin embargo, el retorno de inversión fue nulo: de una meta contemplada de cinco mil toneladas, las bitácoras apenas registran la captura de 500 toneladas.
El colapso de la temporada tiene dos causas identificadas. Juan de Dios Fernández, dirigente de la Asociación de Pescadores Ribereños, denunció que la mayor parte de las cuatro mil 500 toneladas faltantes no desaparecieron, sino que cambiaron de manos ilegalmente: una parte significativa quedó en poder de los “contrabandistas” (coyotaje) y el resto se fugó hacia el mar abierto por las corrientes.
Esta merma productiva ha dejado a los pescadores a merced de los prestamistas. Actualmente, las cooperativas enfrentan tasas de interés que oscilan entre el cinco y el siete por ciento mensual sobre el capital prestado, una carga que crece día con día ante la falta de ingresos por la venta del crustáceo.



