El 2 de octubre de 2018 quedó marcado en la memoria de Martin Baron como el inicio de una pesadilla logística y moral que transformó la redacción en una suerte de centro de crisis internacional. La desaparición de Jamal Khashoggi, colaborador habitual de la sección de opinión, dentro del consulado de Arabia Saudí en Estambul, exigió una respuesta que superaba el simple rigor informativo. Baron relata con una mezcla de frialdad profesional y angustia personal cómo el diario asumió la responsabilidad de encontrar a uno de los suyos mientras el mundo observaba con una mezcla de horror e incredulidad. Para el director, el silencio no figuraba como opción; la institución entera se volcó en una investigación que pronto desnudó las mentiras oficiales del reino saudí y puso en jaque las relaciones diplomáticas de la administración Trump con Riad.
La narrativa de Baron en estos capítulos se vuelve especialmente íntima al describir el peso de la culpabilidad y la urgencia de la justicia. El autor recuerda la silla vacía en las reuniones de planificación y el impacto emocional de recibir las transcripciones de los audios que documentaban los últimos minutos de vida del periodista. Baron escribe que “el asesinato de Jamal fue un ataque directo a todo lo que representamos”, una frase que sintetiza la magnitud del agravio contra la libertad de prensa a nivel global. El diario decidió mantener la columna de Khashoggi en blanco en su edición impresa, un gesto visual potente que recordaba al mundo la desaparición forzada de una voz crítica. Esta etapa del libro muestra a un director que debió navegar entre la necesidad de publicar la verdad y el respeto al duelo de una familia destrozada por un crimen de Estado.
Un aspecto crucial que Baron analiza con honestidad es la presión sobre Jeff Bezos durante la crisis. El dueño del diario, cuya propia vida privada terminó expuesta tras un hackeo atribuido a intereses saudíes, se mantuvo firme en el respaldo a la redacción a pesar de los riesgos para su imperio comercial. Baron reconoce que el apoyo de Bezos resultó vital para que el Post pudiera sostener una cobertura tan agresiva y persistente contra un régimen poderoso. El autor describe este apoyo como un blindaje necesario en una era donde los autócratas intentan silenciar a la prensa mediante el chantaje económico o la intimidación digital. La obra expone la soledad de la redacción frente a una Casa Blanca que, según el relato de Baron, parecía más interesada en preservar la venta de armas a los saudíes que en exigir rendición de cuentas por el asesinato de un residente estadounidense.
La investigación del caso Khashoggi también reveló las costuras del espionaje moderno y la vulnerabilidad de los periodistas en el siglo veintiuno. Baron detalla el uso de software malicioso para vigilar a los colaboradores del diario y cómo la tecnología se convirtió en un arma de doble filo para quienes buscaban la verdad. En sus páginas, el autor sostiene que “nuestra obligación era asegurarnos de que el nombre de Jamal no fuera olvidado”, convirtiendo la búsqueda de justicia en una misión institucional permanente. El relato muestra la coordinación con agencias de inteligencia y fuentes turcas para reconstruir los hechos, un proceso de verificación extenuante que consolidó al Post como el referente mundial en la cobertura de este magnicidio. La determinación de Baron en este periodo refleja la esencia del periodismo como un contrapoder capaz de desafiar a las monarquías absolutas con el simple peso de la evidencia.
El libro también reflexiona sobre las implicaciones éticas de colaborar con un periodista que vivía en un exilio forzado y bajo amenaza constante. Baron se pregunta si se pudo hacer más por la seguridad de Khashoggi, aunque concluye que el deseo del colaborador por mantener su independencia lo llevó a tomar riesgos que resultaron fatales. Esta parte de la obra humaniza la relación entre el editor y el autor, trascendiendo el contrato profesional para entrar en el terreno de la solidaridad humana. La lucha por la verdad en el caso Khashoggi, según Baron, demostró que la influencia de un diario no se mide en suscriptores o clics sobre su capacidad de resistir las presiones de los poderes más oscuros del planeta. Al final de estos capítulos, queda la imagen de una redacción que, a pesar del dolor de la pérdida, logró que el mundo no pudiera ignorar la brutalidad de un régimen que intentó enterrar la crítica con un crimen.
Al concluir esta parte del relato, Baron deja una lección sobre la responsabilidad global del periodismo en tiempos de autoritarismo creciente. El asesinato de Jamal Khashoggi no terminó con una sentencia definitiva de justicia total, pero la persistencia del Washington Post garantizó que el costo reputacional para los perpetradores fuera inmenso. El autor subraya que el papel del director es, en última instancia, proteger la integridad de quienes dan voz al diario, incluso cuando ello implica enfrentarse a intereses geopolíticos de primer orden. Esta entrega subraya que la valentía editorial es el único antídoto contra el olvido y la impunidad, cerrando un ciclo donde el dolor se transformó en un compromiso innegociable con la memoria. La historia de Khashoggi es el recordatorio más severo de que el precio de la libertad de expresión, en muchas partes del mundo, sigue siendo la vida misma.
Baron, M. (2024). Frente al poder: Trump, Bezos y el Washington Post. La Esfera de los Libros.



