Alejandro Cerón sostenía una pancarta escrita a mano y, cuando le acercaron el micrófono, su voz se quebró antes de la primera palabra. Lleva diez años con el mismo juicio. Lleva cinco años sin ver a su hija. Dijo que había hecho los peritajes psicológicos que el juzgado le pidió, que se los autorizaron una vez y luego otra, y que al final un juez los echó para atrás. Lo dijo con la cabeza inclinada hacia el suelo, como quien repite algo que ya repitió en otras esquinas. Detrás de él, en cartulina, una frase se repetía en pancartas distintas: “Soy papá, no criminal”.
Eran las ocho y media de la mañana en la calle Zacatecas, frente al Tribunal Superior de Justicia de Nayarit. Una columna de manifestantes había caminado desde la Glorieta Nayarit hasta el edificio para exigir que los juzgados familiares dejaran, en palabras de uno de ellos, “de simular justicia”. La concentración formaba parte de una jornada que los convocantes llamaron internacional, replicada ese mismo día en otras ciudades del país. Los oradores improvisaban turno frente a una grabadora de Meridiano. Algunos pedían el micrófono. Otros lo recibían sin pedirlo.
El reclamo central, repetido por casi todos, era que el Tribunal aplicara el interés superior de la niñez por encima del criterio de jueces que los manifestantes calificaron de “a modo”. Hablaron de falta de investigaciones y de denuncias falsas usadas como herramienta procesal. Mencionaron también peritajes psicológicos que tardan meses o años en concretarse. Cerón insistió en una idea que había venido a sostener al Tribunal: que el sistema familiar está corrompido y que los jueces desechan los programas que el propio Tribunal implementa. “Yo no soy organizador, soy un papá afectado”, aclaró cuando le preguntaron por la convocatoria. “No hay equidad de género. Soy víctima de la unilateralidad de los jueces.”

William Ávila Villar tomó la palabra después. Lleva tres años sin ver a su hijo. Le dieron la custodia y, dijo, nunca se hizo efectiva. Arrastra además una pensión alimenticia equivalente al setenta por ciento de su ingreso, también por tres años. “Quiero ver a mi hijo, lo extraño, estoy cansado de esperar”, expresó, y se quedó mirando un punto fijo en el asfalto.
Una pareja se acercó después. Él se llama Ricardo. Ella, Joana. Él dijo que era la primera marcha de este tipo que se daba en Tepic, que lo invitaron y vino. Pidió procesos más rápidos y menos trámites encadenados. Ella dijo que estaba ahí por igualdad: que la convivencia entre niños y padres era lo que importaba para todos, lo dijo así, y se quedó al lado de él sin soltarle el brazo.
Jorge Flores se identificó después de levantar la mano. Lleva un año sin ver a su hija y a su hijo. Dijo que la limitación viene de denuncias falsas de violencia y que no le dan oportunidad de defenderse. Le pidieron un mensaje a sus hijos por si el video llegaba a verlos. Dudó un instante. “Seguiré luchando hasta que esto se resuelva”, y agregó que los amaba.
Una puerta lateral del Tribunal se abrió. Salió Hugo René Toriz Alcaraz, secretario general de Acuerdos. Los manifestantes formaron un semicírculo en torno a él. Empezó la conversación que duraría varios cuartos de hora.
Toriz Alcaraz escuchó primero. Después explicó. Indicó que existe una carga laboral excesiva en los juzgados familiares. Sostuvo que el Poder Judicial implementa mecanismos para reducir el sesgo, que viene la reforma para que los juicios familiares se vuelvan orales, que la fecha prevista es 2027, que la implementación depende del presupuesto y de la creación de nuevos juzgados. Mencionó que ya existe un tribunal de disciplina al que pueden acudir cuando un juez incurre en una conducta indebida. Habló del plan estratégico que impulsa la nueva administración del magistrado presidente, una serie de reuniones con abogados, notarios, corredores y empresarios.
Uno de los manifestantes le respondió con calma. Mencionó que entiende la carga laboral, que la entiende de verdad, y dijo que considera que se le puede poner un poquito más de amor a lo que se hace. Expuso que cuando las cosas se hacen con amor la respuesta es positiva siempre. “Quítense el miedo.” Esa frase circuló entre los presentes durante el resto de la conversación.
Lo interrumpieron varias veces. Un padre que se identificó como abogado, conocido en el medio jurídico de Tepic, levantó una carpeta. Dijo que llevaba ocho años sin ver a su hijo, que durante los primeros dos años no insistió porque la madre del niño estaba enferma, la madre falleció hace seis años y que aun así nadie le devolvió al hijo. Señaló que destituyeron a quien le había dado la razón en una resolución previa. Lo dijo en voz baja, con frases muy ordenadas, como en un alegato. Mencionó después el caso de Nico, un niño al que un juez entregó a la madre pese a las pruebas reiteradas que el padre había aportado sobre violencia. Una semana después de esa resolución, dijo, el niño fue asesinado.
Otro padre intervino con un argumento que repitieron después varios de los presentes: “Toda ley injusta no es ley. En cuatro palabras.” Sostuvo que el 60 por ciento de los expedientes familiares tienen la misma situación, los mismos escritos, los mismos acuerdos. Una mujer se sumó con la denuncia de que su esposo lleva cinco meses sin ver a un hijo del que tenía custodia provisional desde enero, y que ninguna autoridad obligó a la madre a entregarlo. “¿Dónde estaban las autoridades?”, preguntó. Toriz Alcaraz tomaba nota. En un momento del intercambio admitió que el Tribunal está sujeto a un presupuesto y a la creación de nuevos juzgados, y que la oralidad en juicios familiares no se puede instalar de un día para otro.
Hacia el final del diálogo, otro padre sacó del bolsillo un teléfono celular. Mostró fotografías en donde exhibió que la niña, su hija, se amarraba el zapato con una bolsa de nylon. Afirmó que se autolesiona. Mostró imágenes que no quiso explicar en detalle frente a la cámara. Habló de una orden de aprehensión por sustracción de menores que pesó sobre él el 29 de enero y de la cual fue exonerado. Mencionó que la jueza no vinculó a la madre a proceso por una denuncia de omisión de cuidados que él presentó. La conversación ya iba en círculos.
Otro padre habló del Centro de Convivencia Familiar, donde algunos de ellos ven a sus hijos en sesiones supervisadas de dos horas. Comentó que su hijo le pregunta cada semana cuándo se va a poder ir con él y aseguró que ya van ocho meses esperando una valoración psicológica que el juzgado ordenó al inicio del expediente y que no llega. Habló de psicólogas que valoran a los hijos durante veinte minutos y dictaminan que el padre no es apto para la convivencia. La mención fue larga y nadie lo interrumpió.

Toriz Alcaraz acordó una fecha. El próximo martes 28 de abril, a las doce del día, el magistrado presidente recibiría a los manifestantes. Quedó por escrito en una hoja que pasó de mano en mano. Alguien pidió que constara en medios.
Antes de dispersarse, uno de los oradores se dirigió a la cámara con un mensaje específico para las mujeres que cada 8 de marzo marchan por sus derechos. Recalcó que la marcha de los padres no era una guerra contra ellas. “Esto no es una pelea de hombres contra mujeres”, dijo otro padre desde el fondo. “Es una pelea con nuestras parejas.” Recordó que peleaban por los derechos de los hijos a convivir con ambos progenitores y por los abuelos y la familia extensa que también los acompañaba esa mañana en la concentración. Pidió que el mensaje saliera limpio en cámara. Recordó después que ellos también votan, que candidatos y magistrados los buscaron en campaña, y que ahora los magistrados no salen del edificio.
La calle Zacatecas se fue vaciando. Algunas pancartas quedaron apoyadas en una jardinera. Los hombres se despidieron entre ellos con apretones largos de mano. Cerón se quedó al final, recogiendo cosas. Antes de irse, dijo en voz baja que quería volver el próximo martes. Que llegaría temprano, otra vez.
El secretario general de Acuerdos no quiso confirmar si en los juzgados familiares de Nayarit hay corrupción ni si la ley se aplica mal. A la pregunta directa contestó que se trata de una carga laboral enorme y que los nuevos mecanismos están en marcha. Pidió un poco de paciencia para la implementación de la oralidad. Sobre la cita del 28 confirmó: doce del día, audiencia con el magistrado presidente.
Cinco, tres, uno, ocho, cinco. Los años se contaron en voz alta frente al edificio que el martes 28, a mediodía, abrirá una puerta. Cerón dijo que va a estar ahí.







