En el Mundial de 1986 Televisa tuvo la valentonada de invitar al escritor Juan José Arreola como comentarista entre expertos en la materia. Estrafalario, cultísimo, entiendo que ignorante del futbol, con una capa de otro tiempo, lo recuerdo diciendo las cosas más disparatadas. En algún momento se compadeció del portero y dijo algo así como «tan solo en su soledad». Seguramente muchos televidentes de la época cambiaban de canal. Cuarenta años después leo a Enrique Krauze, que le dedica una columna entera al portero y lo vuelve asunto de literatos. Recuerda que Nabokov atajó en Cambridge y que de ahí sacó Handke, quizá, el título de El miedo del portero al penalti. Aquel disparate de Arreola no era tan disparate. El arquero llevaba décadas esperando a sus poetas. Y ya ven, lo encontraron.







