Bajo el sol de la Calzada del Ejército, dos jóvenes sostienen un bote y una esperanza. Provienen de la Sierra de El Nayar y han bajado a la capital con el único propósito de concluir sus estudios, aunque para ello deban solicitar la moneda de quienes transitan cotidianamente por la avenida Carrillo Puerto para completar su gasto diario.
Irvin Emmanuel Martínez de la Cruz, uno de los residentes de la Casa del Estudiante Nayarita Amado Nervo, explica que la colecta es una medida necesaria ante la falta de apoyos institucionales para su sustento básico. “Como no tenemos apoyo para la alimentación, recurrimos a la colecta para reunir una cuota semanal de 250 pesos”, relata el joven mientras el flujo vehicular avanza en la zona del Infonavit Solidaridad.
El albergue, ubicado en el poblado de Las Delicias, opera de forma independiente a la Universidad Autónoma de Nayarit, brindando refugio a hombres y mujeres de comunidades indígenas y zonas serranas. Este espacio se ha convertido en el único techo seguro para quienes buscan superar las barreras geográficas y económicas de sus lugares de origen para superarse profesionalmente.
Además de los recursos para la comida, los estudiantes extienden su petición hacia materiales que nutran su formación humana y artística. Solicitan donaciones de ropa y elementos que permitan impulsar sus talleres de danza y música, actividades que consideran vitales para preservar su identidad cultural y fortalecer el espíritu de comunidad dentro del inmueble de la calle Sierra Nayar.
Desde Jesús María, la joven Nayeli Carrillo Montoya se sumó a esta jornada de boteo con la firmeza de quien cursa el bachillerato lejos de su familia. Para ella, cada aportación ciudadana representa la posibilidad real de permanecer en la ciudad y terminar su preparación media superior sin que la carencia de víveres sea un motivo de deserción escolar.
Los habitantes de este recinto representan el esfuerzo de decenas de familias nayaritas que confían en la educación como motor de cambio social. Sin subsidios fijos, la permanencia de estos cuarenta y cuatro estudiantes depende hoy de la voluntad de la población y de la resistencia de quienes sólo piden una oportunidad para ganarse la vida honradamente mediante el estudio.







