Hace más de cien años, miles de niños mexicanos viajaron por todo el país… sin salir de su salón de clases.Y no, no era magia. Tampoco tenían internet, Google Maps ni videos de TikTok enseñando cada rincón de México con música de fondo y subtítulos gigantes.
¡Perooo! Lo que sí tenían era su libro de texto: Viaje a través de México por dos niños huérfanos. Escenas y pasajes del México antiguo y del México moderno. Y aunque el título era más largo que algunos viajes de la época, el libro fue un auténtico éxito.

Se dice, se cuenta, se rumora que era una mezcla de novela, libro de aventuras y clase de historia disfrazada. Una especie de National Geographic, pero sin suscripción mensual. Y funcionó…tanto funcionó que se convirtió en uno de los textos escolares más populares durante el Porfiriato y las primeras décadas del siglo pasado.
Detrás de esta aventura estaba Lucio Tapia, profesor de la Escuela Normal de México, quien tuvo una idea brillante: enseñar historia, geografía y civismo sin aburrir a los alumnos hasta el bostezo.
Y aquí es donde la historia se pone especialmente interesante para nosotros, porque cuando este libro fue publicado, Nayarit todavía no existía como estado. Era el Territorio Federal de Tepic. Sí, el mismo lugar que hoy recorremos en automóvil, pero que entonces se conocía a golpe de herradura, paciencia… y muchísima paciencia.
Imaginen por un momento a un estudiante de aquella época leyendo sobre estas tierras:
“De Santiago a Tepic apenas medirán 15 horas de camino en buen guayín, como el que se conducía a los viajeros; así fue que, habiendo salido de la primera población antes del alba, llegaron a la segunda cuando el sol comenzaba a trasponer el horizonte”.
Quince horas de camino, hoy algunos nos desesperamos cuando el semáforo dura treinta segundos en rojo. Uno de los fragmentos más fascinantes describe la región de Navarrete, cerca de San Blas:

“Navarrete es un lugar aislado y solitario, en el partido de San Blas; fuera de la finca, ocupada por el administrador, y de algunas casuchas destinadas a los rancheros, no se ve otra cosa que extensas llanuras…”
Y continúa: “…cubiertas de pasto, y a trechos, de tamarindos, palmas reales, lianas, cactos, huejotes y otras muchas plantas silvestres.”
Esta descripción es valiosísima porque ofrece una fotografía literaria de la costa nayarita antes de los hoteles, antes de las carreteras modernas y antes de que existieran las selfies frente al mar.
Para aquellos chiquillos, esas páginas eran lo más parecido a un boleto de viaje, con ellas podían conocer lugares que quizá nunca visitarían en persona y eso es precisamente lo que vuelve tan valioso a este libro.
Hoy basta sacar el teléfono del bolsillo para recorrer el mundo, pero hace más de cien años, para conocer México había que abrir un libro… y dejar que la imaginación hiciera todo el trabajo pesado.
Fuente: Viaje a través de México por dos niños huérfanos; Lucio Tapia (México, Herrero Hermanos Sucesores, 1906), p. XX.







